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miércoles, 18 de septiembre de 2019

Contemplaciones: El hermoso físico humano.



Amantes, dibujo de Eser Yilmazhttp://eserart.deviantart.com/




El Bao del caballo por Sorolla



Hoy me viene a la mente ese magnífico cuadro de Sorolla en el que varios niños desnudos juegan tumbados sobre la orilla, bañados por el agua y la radiante luz mediterránea. Están modelados con suavidad infantil, por esa luz, igual de clara e inocente; son formas refulgentes como pececillos que brincaran sobre el agua; son cuerpecillos resbaladizos, imparables y rosados. Es la belleza de los cuerpos infantiles, insuflados de vitalidad, canciones y novedad redondeada. Es la belleza limpia que sólo juega, pregunta y adivina a través de los ojos de los niños.



Cuando contemplamos el cuerpo de los adolescentes, a medio camino entre la ignorante e ingenua curva y el incipiente ángulo desafiante, somos testigos de cómo se insinúa un gran plan. El dibujo todavía es dudoso e inacabado (hasta locamente desaliñado) pero el corazón que lo anima, sensible y enérgico, esconde idealismo, ansias, proyectos, abrazos al mundo incógnito... Los jóvenes adolescentes son como caballos salvajes y puros que van en manadas devorando horizontes.

El hombre en su plenitud, entre los veinte y cuarenta años, está en el mediodía de la vida.
Él es ya un mediodía inundado de sol, poderoso y a la vez con pequeñas grietas. Su cuerpo ya ha llegado al máximo posible de su propia belleza. El músculo se ha terminado. La voluntad ha cobrado forma. Los huesos se han expandido ya en su misión de sostener la perfección física. La piel ha seguido, sumisa, la línea prevista: ondulada en dinámicas curvas de mujer o tensa en los móviles ángulos de un hombre. Las líneas del rostro van reflejando el devenir del alma; el firmamento de la carne oculta infinidad de estrellas, meteoros, agujeros negros, cometas...

La vejez es la idea final, el resultado, el fruto interno que se ofrece desnudo de color pero de intenso sabor. El esplendor físico se va yendo, despacio, muy despacio, dejando paso al trazado del pensamiento, que como resumen de toda una vida, va a posarse en la mirada. Desde allí, según la ruta seguida del alma,  brillará o morirá, cantará una sonata lenta o se fundirá en lluvia cansada.

Más allá de este proceso natural y de esta belleza evolutiva, el rostro, en sí mismo es siempre una suprema obra de arte.

Hace tiempo leí una experiencia de contacto con seres de otras dimensiones: el "ser" decía al humano, al que indudablemente percibía desde una fresca objetividad:

"No sabéis lo hermosos que os ponéis... cuando amáis".



fotografía de rudla: http://rudla.deviantart.com/



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EL ROSTRO



fotografía de rudla: http://rudla.deviantart.com/






fotografía de Theodoros: http://manwithchains.deviantart.com/












Diosa del sol, fotografía de kaymanism: http://kaymanism.deviantart.com/





fotografía de gloeckhen: http://gloeckchen.deviantart.com/







Fotografía de silxy: http://silxy.deviantart.com/



EL CUERPO




fotografía de scottchurch: http://scottchurch.deviantart.com/




(Imagen tomada de Google Imágenes)




Fotografía de Shynoyama









EL CUERPO EXPRESÁNDOSE


Fotografías de Uzume.
Página web de Uzume: http://enareis.darkfolio.com/



Sueños



Secreta Flora



Alma




Sentimiento




Soledad




Creación





BAJO TU CLARA SOMBRA. OCTAVIO PAZ

Un cuerpo, un cuerpo solo, sólo un cuerpo
un cuerpo como día derramado
y noche devorada;
la luz de unos cabellos
que no apaciguan nunca
la sombra de mi tacto;
una garganta, un vientre que amanece
como el mar que se enciende
cuando toca la frente de la aurora;
unos tobillos, puentes del verano;
unos muslos nocturnos que se hunden
en la música verde de la tarde;
un pecho que se alza
y arrasa las espumas;
un cuello, sólo un cuello,
unas manos tan sólo,
unas palabras lentas que descienden
como arena caída en otra arena….

Esto que se me escapa,
agua y delicia obscura,
mar naciendo o muriendo;
estos labios y dientes,
estos ojos hambrientos,
me desnudan de mí
y su furiosa gracia me levanta
hasta los quietos cielos
donde vibra el instante;
la cima de los besos,
la plenitud del mundo y de sus formas.


Octavio Paz

Recitado por mí: 





domingo, 11 de diciembre de 2016

Polop y Gabriel Miró (Alicante)



POLOP DE LA MARINA Y GABRIEL MIRÓ

Hace muy poco estuve de nuevo en Polop de la Marina. Es un pueblecito precioso, situado en lo alto de una colina. Está muy cerca de Benidorm, pero en la zona interior de la comarca, rodeado de montañas. Siempre me ha gustado. Es bucólico, encantador, como de juguete; pero un juguete... de ángeles.





Tiene una torre campanario que mira con asombro a todo el valle, y un calvario que termina en un cementerio, ya en desuso, situado en lo que fue un antiguo castillo. Ahora sólo quedan algunos vestigios de las murallas y restos de este camposanto. 





Allí percibes un ambiente que invita al recogimiento, completamente apacible, desde el que se contempla el monte Ponoig (el “León dormido” de Gabriel Miró) como un verdadero rey espiritual cuidando de sus dominios. 


                           A la izquierda, en diálogo con la rama de pino, el monte "Ponoig", ponunciado "Ponoch", que tiene la forma de un león sentado sobre sus cuatro patas y en vigilancia.


Todo este paisaje, tan amado para mí, me llena de lilas, de emociones calladas, de algo indefinible que se me cuela en el alma y me hace temblar de ternura. 







                                                                         El soberbio monte Ponoig al fondo


Sentí mucha emoción al pasear por sus calles, algunas con delicadas casas Art Decó abriendo sus luminosos ojos con cortinas al paseante... 







y otras  introvertidas y recias, pero de interior cálido, como las gentes del campo. 









Pero la casa que me lanzó de lleno a otro universo fue la de Gabriel Miró. Quizá por lo mucho que lo admiro, quizá porque su ángel, guardián de las letras, aún revolotea por allí...





Este escritor describe como nadie las tierras, gentes y naturaleza de la Marina Baixa (así se llama esta comarca). Su casa es ahora museo, y entrar en ella me llenó de delicia. Estaba muy bien restaurada, con muebles bellos, encerados, cuidados; paredes y techos pintados, y suelos de baldosas muy originales, al estilo de principios del siglo XX. 




Me quedé encandilada; sentí poesía en la luz, belleza en cada detalle de aquel hogar, intimidad reposada en los objetos. Parecía que aún estaba allí el poeta, mirando por la ventana las montañas; escribiendo con su pluma, maravillosa como un cálido viento de levante, las sensaciones del olor a monte, el nido de un águila o el estallido del agua fresca en las manos. Me emocioné. Era mi amor al paisaje, y mi amor al escritor de este paisaje, lo que retemblaba en mí. 






También me estremecía la vida que sentía en aquellas estancias. Sí, vida. Porque algo mantenía el alma de aquella casa, como si el tiempo se hubiera detenido en ella. Y podías imaginar al escritor y su familia riendo o compartiendo una velada; o escribiendo... o colocando un libro en un estante mientras la lluvia golpea los cristales ...









La luz, el silencio, la claridad, la discreta elegancia...; la armonía y el amor a los detalles... Todo me sumía en una plácida y sugestiva ola de belleza.












 

 Sonaba una delicadísima música de piano. Era el empuje sobrehumano que yo necesitaba para transportarme al corazón de una rosa nunca marchita, fresca y sosegada: las palabras de mi admirado Gabriel Miró. Su alma recreándose y recreándonos en la belleza peculiar y profunda de los seres y el paisaje. 

"Un manso ruido de aire que aletea entre las mieses ya granadas. Una respiración del verano, de árboles tiernos que están junto a las aguas vivas. 
Sigüenza dejó que su jumento paciese el verde de una acequia, y él se recostó en el tronco de un algarrobo.
Pasó un labriego con su azada de sol, y, mirando al forastero, le dijo:
-¡A la sombra, a la sombra!- Y en la boca seca de ese hombre, enjuto y acortezado, la palabra sombra tuvo una frescura nueva, como si acabase de crearla."

Fragmento de "Años y leguas"

 “Años y leguas”, considerada una de sus mejores obras, es un libro maravilloso para disfrutar la palabra perfecta, pulida y llena de resonancias; la palabra que pesa como una uva al máximo de su esplendor. Es el libro del paisaje mediterráneo, de Polop y toda la comarca. El pueblo entero le honra ahora colocando fotos y frases suyas en el viejo cementerio, llamado por él “Huerto de cruces”. Y antiguamente, le regaló la bella hornacina con un Cristo que puede verse en la foto superior. 





Salí de aquella casa encantada y con los ojos un poco mironianos... 
Y al poner los pies en la calle, respiré un aire añejo de vida rural. Olí el humo de las chimeneas, sobrio y evocador, como esas cosas sencillas que se nos agarran al alma:  las voces de los niños en la calle, la campana de bronce llamando a la oración, la cal desconchada, las flores en la puerta, los ladridos de los perros... 





Al subir la cuesta del “Vía Crucis” noté un silencio especial. Había allí una anciana que subía muy despacio, concentradamente, casi meditativamente. Me hacía pensar en la densa espiritualidad de los cipreses, que estando quietos parece que ascienden.






Miraba las imágenes colocadas a lo largo del trayecto, recordando los momentos más duros de la vida de Jesús, y mi paso se hacía más lento, más respetuoso, más agradecido por estar allí junto a un cielo tan azul y limpio que parecía que miraras directamente a la libertad. El Ponoig, monte soberbio y dueño real de estos parajes, se mostraba siempre en paternal reposo, como un león que dormita y deja que sus cachorrillos se le suban encima. 

Todo este recorrido por el paisaje, el pueblo, el alma y el arte de Polop lo resumiría en una sóla palabra: comunión. Comprendo aquel enamoramiento del escritor poeta. En un lugar tan dulce es fácil abrazarse a la paz.




Fotos y texto: Maite Sánchez Romero (Volarela)

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