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martes, 15 de octubre de 2019

La Piedad, Miguel Angel


La Piedad de Miguel Angel Buonarroti
(Google Imágenes)



















Fotografías en blanco y negro pertenecientes a Robert Hupka:

Robert Hupka fotografió durante una noche entera todos los ángulos posibles de La Piedad. Gracias a él podemos apreciar muchísimos más detalles de los que habitualmente vemos en una imagen frontal.

Cuando le preguntaron sobre su impresión de la Piedad, él respondió:
"Por primera vez en mi vida me he encontrado ante la verdadera grandeza"


***


Enamorada de esta escultura, desde que la vi por primera vez en un libro de arte, no podían faltar en mi blog unas palabras que mínimamente tradujeran el estado casi de veneración que siento hacia esta maravillosa obra.
Y no hablaría de adoración religiosa, aunque el tema cristiano es lo que la anima, sino de veneración estética; que no es menos, porque determinadas estéticas, como ésta, tocan la cima del arte y elevan al contemplador hacia un terreno inmaterial donde nuestra percepción toma tintes etéreos y espirituales.

No sé que es más hermoso en ella, si su forma física, en la que el mármol queda trascendido al convertirse casi en carne humana; la manera en que está expresada la idea religiosa, mediante un triángulo ascendente al que las figuras se acoplan, y que dota a toda la obra de una grandeza y serenidad soberbia; o la belleza, casi divina, de los rostros.

El rostro de esa jovencísima virgen es la imagen viva de la serenidad, de la aceptación y la asunción de un destino inevitable. Pero en él no hay resignación, sino sabiduría. Es el rostro de una diosa, frágil y pequeño, pero lleno de poder, capaz de contener entre sus brazos todo el sufrimiento; capaz de consolarlo tan sólo con una mirada. Esa mirada piadosa pero contenida de la mujer conlleva en sí tanto amor como inteligencia. Y esa mirada magnánima podemos extenderla también a la forma del gigantesco cuerpo, sólido y acogedor, desbordándose por los pliegues magistrales y generosos del vestido.

Pero el rostro de Jesucristo, con su cuerpo vencido, es igualmente sobrecogedor, pues en él está trazada la alegría triunfante y la serenidad que da saber que su muerte es un paso hacia la resurrección.
Sus manos muertas siguen vivas en la piedra, sus ojos cerrados siguen hablando... y mientras un hombre se acerque a la escultura, ellos seguirán contando su historia de dolor y gloria.

Manos, pies, perfiles, frentes, piernas, venas... Jamás el mármol se vistió de carne de esa manera; jamás comunicó la muerte y la vida, la ternura, la sabiduría y el amor, como en esta obra sublime.



***

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La Sibyla; un rostro singular
http://vientodepaz.blogspot.com/2015/10/la-sibyla-un-rostro-singular.html

jueves, 10 de octubre de 2019

Gauguin. El sueño pausado.






















Pinturas de Paul Gauguin



Gauguin es inclasificable. Es simplemente él, pintando a su modo, sin concesiones a la moda de su tiempo, con absoluta libertad, y con el placer de ser el único dueño de su arte. ¿Es quizá su lenguaje propio, espontáneo e íntimo lo que nos fascina?
Gauguin no pinta la naturaleza, el paisaje y las personas de un mundo ideal; pinta las vibraciones de su alma en un entorno ideal. Plasma los colores que capta su retina, envueltos en la música anhelante de su mundo interior; ésa que le brota, a veces con paz y otras con melancolía o nostalgia de una realidad imposible. Las mujeres de su isla, tan retratadas, no son tales: posan para él. Son figuras que posan, regalándole sus formas y colores para que él las transforme en poesía. Ellas forman parte de su ideario interno como formas dispuestas en una gran composición perfecta. Ese mundo hermoso, que escapa de todas sus pinceladas, obedece al emotivo paisaje de su mente, el cual va tomando de la naturaleza y de las gentes sencillas, el gesto, la forma dulce, libre y entregada.

En todas sus originalísimas composiciones vemos un ritmo lento y profundo, como detenido en el tiempo; un color evocador que es una delicia para los ojos. Sus cuadros nos trasmiten calma y encanto, pero también late, en algunos de ellos, una chispa de amenaza, o quizá inquietud, como si la belleza desnuda pudiera quebrarse de un momento a otro.
En definitiva, contemplando sus cuadros, siento desprenderse una melodía lírica y pausada, que va dejándome un regusto a verdad, a ensueño, a ideal vibrante.


Biografía de Gauguin:

http://www.epdlp.com/pintor.php?id=254

domingo, 8 de septiembre de 2019

Amarillos de Vang Gogh












Los colores cálidos de Vang Gogh, especialmente el amarillo, no son colores, son clamores. El trigo clama su alegría a todos los vientos; los objetos claman su presencia contundente y vigorosa de testigos silenciosos; las flores no se están quietas en sus floreros de tanto fuego que les arde; las estrellas del sombrío cielo duermen con sus ojos extasiados en su propia llama amarilla; los zapatos descansan de su intenso viaje por la vida y reflexionan sobre su cansancio, con la agotada piel reflejando oro.

Todas estas gradaciones del amarillo nos hablan de un pintor franco y emotivo que quisiera pintar todo el mundo de entusiasmo. Cuadro tras cuadro, nos ofrece un redoble de luces en los que el impulso vital de las cosas clama su canción apasionada entre trazo y trazo de pincel.