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Sorolla traspasa los sentidos.












Sorolla traspasa los sentidos: vitalidad, luz, movimiento, belleza...
Sus cuadros rebosan alegría de vivir,  deleite infantil,  claridad,  regocijo. Todo esto nos lo trasmite por medio de su tratamiento del color, único en la historia del arte. Estos colores siempre van mezclados con mucho blanco, como si su pupila estuviera casi cegada de tanta luz;  Sus trazos maestros, sueltos, elásticos y vigorosos aportan el dinamismo que hacen de cada pintura una instantánea vívida y fresca. Pero es esa irradiación de luz pura del mediterráneo, siempre transparente y entusiasmada, captada con absoluta precisión y derramada por todos sus cuadros, lo que convierte estas imágenes en algo trascendente.

Otra característica de sus cuadros es el punto de vista que toma: se trata de una mirada realista  y sólo idealizada por su lírico sentido del color. Los personajes son observados desde afuera y fusionados al paisaje, como en una novela costumbrista. La mirada de niños, mujeres y hombres no suelen dirigirse al pintor, con lo que nos convertimos en espectadores externos de un mundo en que las personas ríen, juegan, conversan, y avanzan en su día a día, satisfechas de sí mismas y en perfecta comunión con el mundo.  

La belleza de los cuadros de Sorolla es muy llamativa, pero no es estática, rígida o decorativa, como en tantos cuadros realistas de su época, sino que su pincelada particular la dota de una vitalidad y un ritmo contagioso.

Sorolla es para contemplarlo con la mente en blanco, abierta a las ondas del color más armonioso, fluido y vibrante. 
Nunca hubo tanta alegría radiante en la pintura.


Biografía del pintor:
http://es.wikipedia.org/wiki/Sorolla
http://www.biografiasyvidas.com/biografia/k/kandinsky.htm

La Piedad, Miguel Angel


La Piedad de Miguel Angel Buonarroti
(Google Imágenes)



















Fotografías en blanco y negro pertenecientes a Robert Hupka:

Robert Hupka fotografió durante una noche entera todos los ángulos posibles de La Piedad. Gracias a él podemos apreciar muchísimos más detalles de los que habitualmente vemos en una imagen frontal.

Cuando le preguntaron sobre su impresión de la Piedad, él respondió:
"Por primera vez en mi vida me he encontrado ante la verdadera grandeza"


***


Enamorada de esta escultura, desde que la vi por primera vez en un libro de arte, no podían faltar en mi blog unas palabras que mínimamente tradujeran el estado casi de veneración que siento hacia esta maravillosa obra.
Y no hablaría de adoración religiosa, aunque el tema cristiano es lo que la anima, sino de veneración estética; que no es menos, porque determinadas estéticas, como ésta, tocan la cima del arte y elevan al contemplador hacia un terreno inmaterial donde nuestra percepción toma tintes etéreos y espirituales.

No sé que es más hermoso en ella, si su forma física, en la que el mármol queda trascendido al convertirse casi en carne humana; la manera en que está expresada la idea religiosa, mediante un triángulo ascendente al que las figuras se acoplan, y que dota a toda la obra de una grandeza y serenidad soberbia; o la belleza, casi divina, de los rostros.

El rostro de esa jovencísima virgen es la imagen viva de la serenidad, de la aceptación y la asunción de un destino inevitable. Pero en él no hay resignación, sino sabiduría. Es el rostro de una diosa, frágil y pequeño, pero lleno de poder, capaz de contener entre sus brazos todo el sufrimiento; capaz de consolarlo tan sólo con una mirada. Esa mirada piadosa pero contenida de la mujer conlleva en sí tanto amor como inteligencia. Y esa mirada magnánima podemos extenderla también a la forma del gigantesco cuerpo, sólido y acogedor, desbordándose por los pliegues magistrales y generosos del vestido.

Pero el rostro de Jesucristo, con su cuerpo vencido, es igualmente sobrecogedor, pues en él está trazada la alegría triunfante y la serenidad que da saber que su muerte es un paso hacia la resurrección.
Sus manos muertas siguen vivas en la piedra, sus ojos cerrados siguen hablando... y mientras un hombre se acerque a la escultura, ellos seguirán contando su historia de dolor y gloria.

Manos, pies, perfiles, frentes, piernas, venas... Jamás el mármol se vistió de carne de esa manera; jamás comunicó la muerte y la vida, la ternura, la sabiduría y el amor, como en esta obra sublime.



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Te puede interesar también:
La Sibyla; un rostro singular
http://vientodepaz.blogspot.com/2015/10/la-sibyla-un-rostro-singular.html

Habla la luz: Johannes Vermeer e Isabel Guerra




Johannes Vermeer (1632-1675)


Es inevitable para mí comparar a estos dos grandes pintores, lejanos entre sí en el tiempo, pero unidos por un tratamiento y sentimiento común de la luz.

La luz habla en estos cuadros: a través de colores y matices sutiles cuenta la pequeña historia que se esconde en cada lienzo.  Y lo hace con una delicadeza que transciende lo cotidiano, llevándonos a una sensación de encantamiento contemplativo y casi poético.

En todos los cuadros el detalle de los objetos cobra tanta importancia como el tema central, especialmente en Veermer. Éstos llenan y completan el espacio con su presencia, y nos hablan del mundo privado e íntimo del retratado.

En los dos pintores se aprecia una especie de soledad satisfecha en los personajes, un intimismo cálido; como si una cámara oculta estuviera grabando el grato ensimismamiento de una persona en sus quehaceres diarios. Todo es calmado y armónico, nada turba la escena; el tiempo parece detenerse y abrirse para que podamos ver y participar de cada detalle delicioso de la escena.

Pero la luz es lo más bello y es lo que queda en nuestra memoria emocional al contemplar estas pinturas; es la que narra sin palabras. En estos lienzos se posa finamente sobre las personas y los objetos. Y pausadamente, como polvo místico, los envuelve en su silencio.





Johannes Vermeer. Biografía: http://es.wikipedia.org/wiki/Johannes_Vermeer













ISABEL GUERRA. LA MONJA PINTORA. Artículo de Zenda Caballero
Desde que en 2005 vi por primera vez un cuadro de Isabel Guerra, he procurado seguir su trayectoria artística fascinada por su habilidad innata para plasmar un pensamiento en sus lienzos. La pintora de la luz como la llaman nació en Madrid en 1947, hija única muy deseada pues sus padres tardaron 10 años en concebirla, despertó a la vocación artística a los 12 años casi al mismo tiempo que a la vocación religiosa. Ingresó en el Monasterio cisterciense de Santa Lucía en Zaragoza a los 23 años y desde entonces su arte se ha centrado en plasmar todo el amor que siente por la vida con tal realismo, que transporta al observador al mundo de luz que la envuelve.
Ella dice que busca en cada cuadro la belleza, la luz, la bondad, la verdad y la hermosura con mayúsculas. Cada cuadro tiene su propia historia, su vida y en cada uno pone todo su corazón.
Miembro de honor de la real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo y de la Real Academia de Bellas Artes de San Luis, su cuadros se cotizan entre 2.000 y 10.000 € y suele exponer cada dos o tres años para deleite de todos nosotros.

Zenda Caballero:


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(Fragmento de una entrevista:)

P. Isabel, ¿qué le transmite esa realidad que ve cuando sale al exterior?, ¿le gusta?

R. ¿Este mundo convulso y violento que vivimos? Yo creo que no puede gustarle a nadie. Intento luchar dando pistas de todo lo contrario: luz y esperanza. Hay otros que luchan con el testimonio, utilizando el arte como un espejo de la violencia. Yo intento transmitir una fórmula que evite que la violencia se apodere de nosotros.

P. ¿El arte no ha de servir para transmitir los sentimientos que lo real provoca en el artista?

R. Yo me baso en lo real, no invento mis imágenes, pero llamo la atención sobre la paz y la luz, que sí está entre nosotros. Por ejemplo, ahora mismo estamos aquí bien, a gusto, sin violencia: luego es un mundo posible, y eso es lo que intento demostrar: que no está todo perdido, que la situación no es irreversible, que no estamos en el camino a la distorsión absoluta de la Humanidad. No, es posible encontrar caminos de belleza. Esto es lo que intento decir, y hay quien lo recoge.


El estallido Kandinsky















"No hay nada sobre la tierra que se incline con tanta fuerza a la belleza y se embellezca con tanta sencillez como el alma...Por ello,
escasas son las almas que resisten en la tierra a otra alma entregada a la belleza."
Maeterlinck



Kandinsky dispara con su arte: dispara en nosotros resortes desconocidos; abre mundos fantásticos cuyas claves las pondremos nosotros.
Bebe del más profundo subconsciente con una fuerza casi furiosa. Derrama colores, sinfonías, historias... en un lenguaje inasible, pero que sin embargo, hace vibrar cuerdas nunca antes tocadas. Es lirismo traspasado de color, es un estallido, una fiesta, una lucha. Es un fuego de posibilidades.

Las geometrías ordenadas de muchas de sus pinturas ¿danzan en armonía sobre el vacío? ¿Son la cara vista de los números? ¿Se estará creando un planeta?, ¿o es diálogo de ángeles?; ¿Serán luces y formas ansiando penetrar en la mente de algún inventor, o tal vez fertilizar la inspiración de un músico? ¿Y si fuera el pensamiento en sueños de alguien que desea transformar el mundo?

El poder de sugerencia de este pintor es lo que más me fascina. También esa fuerza caótica que golpea con su belleza, inquieta, irresistible, ineludible como una avalancha.

El color, en manos de Kandinsky, está más vivo que en ningún otro pintor. Brilla y aturde.
Tras él hay tanto dinamismo que recuerda las fuerzas naturales explosionando: nacimientos, muertes, creación... tormentas, fuegos, resacas, torbellinos... Toda una marea de vida está mezclada en estos abstractos. Las formas imprecisas, a medio hacer, se arremolinan y estallan con la música de un coro infinito; una voz intensa que parece venir de otros mundos.

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Aquí tenéis su biografía:


Añado este artículo sobre Kandinsky. Es muy bueno. Tanto el artículo como los comentarios:



Amarillos de Vang Gogh












Los colores cálidos de Vang Gogh, especialmente el amarillo, no son colores, son clamores. El trigo clama su alegría a todos los vientos; los objetos claman su presencia contundente y vigorosa de testigos silenciosos; las flores no se están quietas en sus floreros de tanto fuego que les arde; las estrellas del sombrío cielo duermen con sus ojos extasiados en su propia llama amarilla; los zapatos descansan de su intenso viaje por la vida y reflexionan sobre su cansancio, con la agotada piel reflejando oro.

Todas estas gradaciones del amarillo nos hablan de un pintor franco y emotivo que quisiera pintar todo el mundo de entusiasmo. Cuadro tras cuadro, nos ofrece un redoble de luces en los que el impulso vital de las cosas clama su canción apasionada entre trazo y trazo de pincel.