"Creo que he sido llevado por vosotros, vientos" Walt Whitman Un camino abierto, ancho, generoso como Dios, para mis pies blancos, de miga tierna, ingenuamente osados.
Ahora, sin zapatos, te recorreré, camino inmenso, de estrellas ignotas, de promesas, de vida nueva, saciadora.
Dejaré mi alma en cada piedra, en cada flor, en cada curva, atrás y adelante, arriba hasta caer, abajo hasta flotar.
Y en cada mar bravo, en cada nube solemne, en cada rostro sonriente, en cada sol sin prisas, en cada gota de lluvia aventurera,
en cada ojo con legañas,
en cada mano encallecida,
en cada vientre cansado,
en cada tallo voluntarioso,
en cada letra que anhela,
en cada pierna que progresa,
en cada rama arrancada,
en cada latido de oruga,
en cada beso,
en cada salto,
en cada grito,
en cada pluma desprendida... dejaré mi alma.
Camino... Te seguiré con un macizo de flores entre mis brazos, con mi pelo de corcel, valientemente suelto,
y el corazón me irá creciendo hasta salirse de su cueva, porque confío... Sí, es confianza esta alegría inmensa que me das, camino de cien mil caminos blancos.
Y con silenciosos brincos de gacela, moviendo mi cola de leona enamorada, apasionadamente viva, te seguiré.
Porque tú lo sabes, y por ello me amas: eres mi destino.
¿Acaso la rosa pincelada
que las golondrinas
llevan en su garganta
es amor?
Almendrado es tu ser.
Una línea de labios sonríe a tu lado.
Espejean las aves.
Sólo puedes amar.
"Lo que debe proponerse todo artista es la ficción de la totalidad; ya que no podemos tener todas y cada una de las cosas, logremos siquiera la forma de la totalidad. La materialidad de la vida de cada cosa es inabordable; poseamos, al menos, la forma de la vida."
Vértigo. Leon Spilliaert El sueño. Pierre Cecile Puvis de Chevannes
El día (una figura). Ferdinand Hodler
Orfeo. Odilon Redon
La sensación. Ferdinand Hodler
La esperanza. George Frederick Watts
El
símbolo abre puertas. Y los simbolistas lo sabían. Tomaron símbolos
universales: el amor, la muerte, la soledad, el más allá, Dios y el diablo... y
les dieron formas. Cada forma debía sugerir un río de sensaciones; debían tocar
lo profundo y despertar una pequeña exaltación en el alma del espectador; o
levantar una montaña de misterios; o llevarle al porqué de su propia
existencia.
La
imagen ya no reproduce; ahora evoca. Es una flecha que dispara emociones, o
despierta al búho del inconsciente.
El
simbolismo enraiza en el romanticismo, pero prescinde de su lirismo enardecido
y sentimental y va directo al impacto. Nos trae ideas; las intelectualiza, pero
sobre todo las poetiza, transformándolas en sueños (o pesadillas). Se inicia
así un camino que puede transitar lo oculto o el lado profundo de la mente.
No
todos los pintores usaban símbolos universales; algunos recurrían a una
simbología propia, interna, hermética y cargada de tensión, con lo que nacían
pinturas extrañas y fascinantes.
Tras
estos delirios pictóricos resurgirá el realismo con su intento de volver los
ojos al mundo material, al detalle concreto y palpable. Pero la puerta de la
subjetividad,los sueños, la emoción y
la irracionalidad ya ha quedado completamente abierta. El camino que asoma a lo
lejos tiene piedras y árboles inimaginables, pero sin duda será recorrido con
asombro por surrealistas, dadaístas, futuristas, abstractos, metafísicos,
neorrománticos y todos aquellos que enarbolan la bandera de la fantasía.
Los pasos, las búsquedas, los tanteos, los abrazos, los nacimientos, los despertares, los estremecimientos: el ritmo invisible de las plantas. Su silencioso latido foto a foto, unidos para que podamos entrar en su secreto.
La felicidad continua no está hecha para nosotros los humanos. A veces, tenemos atisbos de algo que nos supera, y de golpe da sentido a nuestra vida. Son momentos, instantes que luego se diluyen en el correr de esta losa diaria que empujamos al vivir. Pero esos momentos son promesas de algo que quizá lleguemos a hacer nuestro y convertirlo en presente. Con arte, con dedicación, con esfuerzo, con sabiduría, quizá alcancemos ese vivir pleno y total llamado felicidad.
Uno de aquellos momentos felices que recuerdo vino repentinamente.
Caminaba sola por la playa. Mis pensamientos, más creativos de lo normal, fueron derivando en una mera contemplación de lo que había a mí alrededor:
El mar muy azul, la arena suave, las personas tumbadas al sol o bañándose despreocupadas; el aire agradable rozando mi piel y la luz intensa penetrándolo todo. De pronto, sentí una dicha inexplicable. Todo era perfecto. Me sentía fusionada a la vida. Veía las cosas y los seres radiantes, bellísimos, con más relieve del normal. La luz los moldeaba exquisitamente: la nitidez y hermosura de lo que me rodeaba me sobrecogía. Al contemplar el mar sentí que me amaba, de un modo que no puedo describir. Distinto, íntimo, directo. Saltaron algunas lágrimas mías. No vivía, pues aquello era más que vivir. Era sentir de verdad lo que significa estar viva, aquí, en esta Tierra, y fusionarse con lo que te rodea, que es prístino y hermoso igual que tú. Sentía deseos de abrazarlo todo. Era feliz, libre, brillante como el sol. Fue algo tan maravilloso y desbordado que mi cuerpo y mi mente no lo podían sostener.
Se fue diluyendo aquella sensación, y seguí caminando, pero llena de paz y alegría por la experiencia. Un regalo. Un presente para recordar que hay algo más, y que habitualmente sólo vemos (por decirlo metafóricamente) la mota de polvo en la uña de un pie gigantesco, cuyo cuerpo y dueño no podemos ni imaginar... La realidad es inmensa y en ella caben todas las posibilidades. Acabamos de empezar a leer este largo cuento. Pero lo hermoso es que el cuento lo creamos nosotros.
******
Texto y foto coloreada de la playa de Altea: Maite Sánchez Romero (Volarela)
No hace mucho he descubierto que las plantas tienen voz. A través de unos electrodos conectados a sus hojas que captan sus impulsos eléctricos, y luego éstos traducidos a notas musicales mediante un sintetizador, podemos ahora escuchar sus voces. Sorprende realmente escuchar estos sonidos. Y aún hay más, porque también cantan. ¡Emiten música! Una música armoniosa, profunda, pacífica, yo diría que hata curativa. Es un reflejo de lo que ellas son: vida y armonía.
Se sabe ahora que las plantas son sensibles a nuestras vibraciones emocionales, pues hay experimentos que lo confirman. Es por eso que, sí están ligadas a ti, pueden crecer mejor ante tus palabras cariñosas, o simplemente ante tus sentimientos de afecto. También se alteran cuando tú te alteras. Es como si un hilo invisible las uniera a ti. Y ese hilo no se rompe, muy al contrario, puede seguirte hasta la otra punta del planeta, sin ellas moverse del sitio. En el libro "La vida secreta de las plantas", de Peter Tompkins, se narra cómo un investigador de la sensibilidad de las plantas se marchó cientos de kilómetros de su hogar, a otra ciudad. Allí vivió toda una serie de emociones diversas a lo largo del día (desde indiferencia hasta frustación). Al volver a su casa pudo comprobar que su planta había reflejado todos y cada uno de sus altibajos de ánimo de ese día, exactamente a la misma hora en que él los experimentaba. El polígrafo, que registrando los impulsos eléctricos de su planta, así lo mostraba. ¿Qué misterio hay detrás de todo esto? ¿Formamos parte de una red invisible que nos une a todo los demás seres más allá del espacio o del tiempo? ¿Cómo es posible que las plantas, siendo "ciegas", "mudas" y "sordas", sean capaces de asustarse cuando les pones unas tijeras cerca de la hoja, excitarse cuando está cerca su dueño, ponerse mustias en un ambiente de crispación o desarrollar más flores y crecer con ímpetu al "escuchar" música de Vivaldi? ¿Sienten? ¿Cómo sienten careciendo de nervios?
Parece ser que su "sistema nervioso" vendría a ser pulsaciones eléctricas que nacerían de sus raíces. Algunos estudios también demuestran que las flores se hermanan o sintonizan, de un modo sorprendente y a la vez misterioso, con nuestras neuronas; o lo que es lo mismo, con nuestros pensamientos. La fuente de esta información la he encontrado en :"La vida secreta de las plantas", Tompkins y Bird)
En la comunidad de Damanhur, se les hizo "escuchar" a las plantas música de meditación y música clásica. Tras ello, grabaron los sonidos que emitían. Ya no eran amorfos o desconectados entre sí, sino que era pura música. Aprendieron literalmente a "cantar", y además lo hacían celestialmente. Y les debió de encantar, pues si se colocaba a una planta "enseñada" junto a otra "novata", la segunda pronto imitaba las nuevas armonías de la experta (la belleza es contagiosa). En el primer vídeo que he puesto puede verse el sonido normal o habitual de las plantas. Su voz personal, sin entrenamiento. Algo así como el matiz o la personalidad propia de cada una. En el siguiente os sorprenderá la sinfonía de sonidos que pueden emitir tras haber sido entrenadas con música. Y en el tercero, una mujer canta a capella, con mucho sentimiento, mientras las plantas la acompañan con un bello coro de armonías. Es estremecedor.
En adelante, no puedo ya ver mis plantas del mismo modo, porque sé que son como esponjas, que graban toda la armonía y caos que perciben. Porque son mucho más asombrosas y profundas de lo que jamás sospeché. Porque son tan espirituales como nosotros. Y porque además, ahora soy consciente de que me necesitan más de lo que nunca hubiera imaginado. Ellas nos regalan su alegría, armonizan nuestra casa y el planeta entero; nos curan, nos alimentan, y además nos ofrecen la belleza más pura de sus flores. Son, sencillamente, la base de toda vida. Las necesitamos, y ahora más que nunca, pues nuestros bosques están desapareciendo a un ritmo de pánico.
A veces, un perfume, un sonido, una imagen, despierta en nosotros un recuerdo punzante en el alma. No por punzante es siempre doloroso. Pero sí es profundo. Y puede hacer saltar una lágrima, o simplemente, aislarnos del presente que nos rodea, como si nos envolviéramos en un capullo, y hacernos revivir ese instante del pasado, de modo más real aún que el tiempo actual.
La nostalgia es un perfume, a veces, venenoso, porque impide contemplar francamente el presente; pero otras veces es delicioso y embriagador, y ofrece un colchón de serenidad donde refugiarse y encontrar un poco de belleza. Es una mirada a otro tiempo, a otra realidad, que sigue latiendo; y lo seguirá mientras nosotros le demos vida con nuestro pensamiento ( realmente le damos un poco de nuestra vida, por lo que no sabemos si estamos muriendo lentamente, o si vivimos más intensamente).
También hay otra nostalgia: La de lo no vivido. Pero ansiado, añorado. Es la nostalgia de los sueños. La que, como si ya se hubieran realizado, viene a nosotros para recrearse en nuestra mente, y trae un perfume igual de cautivador que la del pasado. Incluso más fresco por estar envuelto de misterio.
Y aún hay otro tipo de nostalgia...
Muchas veces se añora algo; algo grande e importante. Y sin embargo, no se sabe qué es. Nos puede perseguir toda la vida, dejar un vacío al no tenerlo. Un vacío existencial y real. Puede que nos pasemos el tiempo buscándolo.
Eso, es también nostalgia. Y quizá, lo hayamos ya vivido.