EL MISTERIO ABRE LA PUERTA. SIMBOLISMO en el arte
Edipo y la esfinge, Gustave Moreau
Musa del arte. Alphonse Osbert
Vértigo. Leon Spilliaert
El sueño. Pierre Cecile Puvis de Chevannes
El día (una figura). Ferdinand Hodler
Orfeo. Odilon Redon
La sensación. Ferdinand Hodler

La esperanza. George Frederick Watts
El
símbolo abre puertas. Y los simbolistas lo sabían. Tomaron símbolos
universales: el amor, la muerte, la soledad, el más allá, Dios y el diablo... y
les dieron formas. Cada forma debía sugerir un río de sensaciones; debían tocar
lo profundo y despertar una pequeña exaltación en el alma del espectador; o
levantar una montaña de misterios; o llevarle al porqué de su propia
existencia.
La
imagen ya no reproduce; ahora evoca. Es una flecha que dispara emociones, o
despierta al búho del inconsciente.
El
simbolismo enraiza en el romanticismo, pero prescinde de su lirismo enardecido
y sentimental y va directo al impacto. Nos trae ideas; las intelectualiza, pero
sobre todo las poetiza, transformándolas en sueños (o pesadillas). Se inicia
así un camino que puede transitar lo oculto o el lado profundo de la mente.
No
todos los pintores usaban símbolos universales; algunos recurrían a una
simbología propia, interna, hermética y cargada de tensión, con lo que nacían
pinturas extrañas y fascinantes.
Tras
estos delirios pictóricos resurgirá el realismo con su intento de volver los
ojos al mundo material, al detalle concreto y palpable. Pero la puerta de la
subjetividad, los sueños, la emoción y
la irracionalidad ya ha quedado completamente abierta. El camino que asoma a lo
lejos tiene piedras y árboles inimaginables, pero sin duda será recorrido con
asombro por surrealistas, dadaístas, futuristas, abstractos, metafísicos,
neorrománticos y todos aquellos que enarbolan la bandera de la fantasía.
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Maite Sánchez Romero (Volarela)