Nombras el árbol, niña. Y el árbol crece, lento y pleno, anegando los aires, verde deslumbramiento, hasta volvernos verde la mirada.
Nombras el cielo, niña. Y el cielo azul, la nube blanca, la luz de la mañana, se meten en el pecho hasta volverlo cielo y transparencia.
Nombras el agua, niña. Y el agua brota, no sé dónde, baña la tierra negra, reverdece la flor, brilla en las hojas y en húmedos vapores nos convierte.
No dices nada, niña. Y nace del silencio la vida en una ola de música amarilla; su dorada marea nos alza a plenitudes, nos vuelve a ser nosotros, extraviados.
¡Niña que me levanta y resucita! ¡Ola sin fin, sin límites, eterna!
He tirado ahí mismo mi pesada mochila. Estoy agotada. No puedo más. Me pesa el aliento (en realidad, es lo único que poseo). Noto que las piedras de esta yerta, desvalida sabana me llaman; me reclaman; me buscan. Pero yo... no puedo dar más de mí. Soy una nube de óxidos, una campana desafinada, el mal sueño de un lagarto...
Mientras me empuja el viento como a un harapo tendido en la nada, me concentro en una piedrecilla triangular, negra, que se acaba de colar en mi sandalia. Es un grito del suelo. Despierto de mi tórrido letargo. La tomo. Es muy suave. Y la naturaleza ha dibujado azarosamente en ella la diminuta forma de una mariposa. La acaricio sin saber por qué.
Miro hacia atrás:
un grupo de avestruces me contempla, con las plumas manchadas por la angustia de la huida: corren y corren, siempre están corriendo hacia atrás.
Un resto de sol dormita sobre la baba del caracol. Los brazos de las acacias se agitan con el viento. Parecen muy calientes, tiernos, plenos de aleluyas, ¡me están llamando...!
Miro de nuevo hacia atrás, nada puedo retener, siento un sentimiento violento de pérdida (Kaimos*). Ya casi soy una piedra mal tallada. Alguien casi me está labrando... soy yo misma.
Miro hacia adentro... Mi talla esperpéntica cobra nuevos ángulos y formas asombrosas. Siento vértigo por mis nuevos abismos. Y también éxtasis: estoy poblada de arcoíris tejiendo un tapiz perfecto y gigantesco, a espasmos de colores.
"Conócete: tienes mucho tiempo". Me dice un minúsculo petirrojo que acaba de aparecer. En el pico porta una gota de néctar que hace miles de años le pende, solitaria y profética... para mí.
Truenos. Escucho truenos. Cada segundo que pasa es un trueno compulsivo. Pero ahora... no temo al destino; me abro a él como una mariposa que enseña los dibujos de sus alas. Deja de tronar. Oigo el trote de mil caballos, pero no los veo, sólo siento sus jadeantes respiraciones. Vienen a mí. Me traspasan como un relincho ancestral. Ya no se oyen, sólo mi corazón expandido retumba inmensamente en el vacío. Y poco después, el vacío me responde... con otro latido, íntimo, de madre.
De una montaña comienzan a bajar miles de personas bellísimas, transparentes, reflejando todos los colores. Forman una larga cadena. Al llegar a mí, dos de ellas me toman las manos. Siento que me fusiono a la larga cadena y comienzo a elevarme, formando parte de una gran estructura geométrica, maravillosa. Es un nuevo cuerpo, que a su vez encajará en otra pieza aun mayor de almas, posiblemente dentro del cuerpo de una gran planeta, como si nosotros fuéramos uno de los pequeños engranajes de un descomunal reloj. Todo se pone en marcha. Comienza una danza singular, hermosísima, como un vals placentero, en comunión con todas las almas enlazadas. Sentimos los nervios de la Tierra, destellando en sinopsis; señales que nos traspasan a todos con su energía rebosante, pletórica, y que nos fusiona como si fuéramos el mismo ser dando vueltas alrededor de un centro invisible que palpita, y de algún modo... nos nutre. No puedo soportar tanto gozo, y de pronto, escapo.
Floto en el espacio con el peso de una pluma rosa: veo nuestra Tierra a lo lejos... Arde de belleza mientras gira amorosa, enamorada, alrededor del sol, que a su vez gira enamorado de otra estrella aún mayor... Y yo puedo contemplar, más allá de la vida y de la muerte, una dicha inconmensurable que dulcemente se expande sin cesar...
Cesa la danza, la contemplación.
Estoy de nuevo, caída.
De pronto, oigo el canto de un grillo, muy lejano...; pero también cercano, en mis propios oídos.
La áspera sabana ocre me rodea otra vez. La piedra negra en mi bolsillo está muy caliente. Pero no he soñado. Lo sé. Hoy voy a coger mis cosas y acostarme aquí, en mi helada tienda, como llevo haciendo los últimos treinta días de mi largo viaje a pie. Morirá mi conciencia un poco esta noche, con la luna y los alacranes; renacerá mañana junto a este grupo de baobabs. Sigo cansada. Hoy respiro con dificultad. Puede que yo sea como aquel río que se extinguirá en las arenas del desierto sin alcanzar el mar. Pero no me importa, porque mi viaje sigue más allá de lo que puedo percibir por este diminuto orificio de mi vida...
Infinitud es la palabra; se me deshace al pronunciarla.
***
*KAIMÓS, palabra griega que significa: Intenso sentimiento de tristeza, anhelo o deseo
incapaz de satisfacer
Este post une dos retos, el de Ginebra: Varietés de Ginebra, al invitarnos a inspirarnos en el subconsciente y en una de las bellas fotografías y palabras que propone; y en el de J. Antonio, Vade Reto cuyo reto de febrero son los viajes.
Mónica, nuestra querida compañera de letras, magia, poesía y cuentos, se ha inspirado en el título de esta servidora "Cuentos bajo la almohada" para poner bajo su arte y su intuición las palabras justas que yo hubiera querido expresar para mi blog...
Es un poema delicado, precioso.... ¡Gracias, qué lujo haberte inspirado!:
Sobre las llamas, escucho el crujido de millones de adioses c h is p o r r o t e a n t e s. Y en el aire, el poema de un pájaro se parte entre los cristales de la lluvia... Salgo a tender mis recuerdos en la púa de una rosa mientras los almendros me soplan su infantil canto de amaneceres. Me arrodillo. La luz se ha dejado olvidado entre la hierba un caracol de oro: trepa por mi dedo como un tirabuzón húmedo...
Y la esperanza baila entre sus cuernecillos, b a i l a... *
Este poema es para todos aquellos que gozan riendo... Y para nuestra gran poetisa Gloria Fuertes, que supo colorear la poesía con las pinceladas mágicas de su inagotable inspiración.
Ambos son muy diferentes, pero los dos confluyen en la magnitud de su inspiración y su peculiar
originalidad.
Los dos llevaban en su ser la fuerza de la inmensa ola del romanticismo que atravesó el siglo XIX.
WILLIAM BLAKE
Isaac Newton
La Divina Comedia
Abel
Cantares de Inocencia
Un árbol envenenado (Cantos de Experiencia)
Jerusalen
Paraíso Perdido. Milton
Jerusalén
WILLIAM BLAKE: Misticismo
Los dibujos de Blake son como una llama ardiente: él es asombroso, espiritual y a la vez extraño. Su mundo te invade tanto con la pasión de sus colores como por su trazo conmovido.
En los grabados iluminados de Canciones de Experiencia e Inocencia, enternece ese toque íntimo, casi familiar, que trasmiten las láminas cuando las ves, con sus bordes algo manchados y sus trazos decorativos invadiendo las palabras. A menudo contemplamos un ímpetu precipitado que se impone sin detenerse en detalles o precisiones. Es la furia de la pasión de Blake, que se cuela entre las dulces curvas y los vivos colores.
Las ilustraciones de "La Divina Comedia" de Dante, "El paraíso Perdido" de Milton o La Biblia, son más simbólicas y contundentes. Impresionan hasta la perplejidad por la fantasía de sus escenas, las torsiones expresivas de los cuerpos, las composiciones audaces en las que los personajes dialogan, a veces como exclamaciones vivas, con los dioses, el destino o el enigma de la vida. Y de fondo, siempre, tonos sobrios y misteriosos, que junto al dibujo inflamado de Blake, contribuyen a crear una poderosa llama mística.
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"William Blake (1757 – 1827) fue un poeta, pintor, grabador y místico inglés. Aunque permaneció en gran parte desconocido durante el transcurso de su vida, actualmente el trabajo de Blake cuenta con una alta consideración. Por la relación que en su obra tienen la poesía y sus grabados respectivos suele ponerse a Blake como ejemplo del «artista total». Según el periódico The Guardian,
«William Blake es con gran margen el mayor artista que Gran Bretaña ha producido».
"Su obra, fantástica en todos los sentidos, no puede entenderse si no es de forma conjunta con sus visiones y sus particulares creencias, del mismo modo que sus grabados no pueden entenderse sino de forma conjunta con sus poemas. De hecho, Blake consideraba esas dos facetas de su arte como un Uno indisoluble. Para su desgracia, no fue apreciado por sus contemporáneos, y no fue hasta la segunda mitad del siglo XIX cuando comenzaron a admirar sus bellas creaciones." De Javier García Blanco: http://arssecreta.com/?p=266
...Sobre sus pinturas iluminadas:
"...En 1788, Blake comenzó a experimentar la técnica del aguafuerte, método usado para ilustrar la mayoría de sus libros de poemas. Este proceso es también denominado como impresión iluminada y lo que produce, libros iluminados o impresiones iluminadas.
La impresión iluminada implicaba escribir el texto de los poemas en planchas de cobre con plumas y cepillos, usando un medio resistente al ácido. Las ilustraciones podían aparecer junto al texto de igual modo que los manuscritos iluminados medievales. Luego bañaba las placas en ácido para disolver el cobre no tratado y dejar únicamente el diseño. Las páginas impresas con estas placas tenían que ser recoloreadas a mano con pinturas al agua y después se cosían para formar un volumen. Blake utilizó esta técnica en cuatro de sus trabajos: Canciones de inocencia y de experiencia, The Book of Thel, El matrimonio del cielo y el infierno y Jerusalem."
Wikipedia
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La mosca
LA MOSCA
Pequeña mosca,
tu jugueteo veraniego
fue truncado
por mi descuidada mano.
¿No soy yo
una mosca como tú?
¿O no eres tú
un hombre como yo?
Porque bailo
y bebo, y canto
hasta que alguna mano ciega
me barre el ala.
Si el pensamiento es vida,
fortaleza y aliento;
y la carencia
de pensamiento es muerte;
entonces yo soy
una mosca feliz,
ya vivo, ya muerto.
*
(W. Blake: Cantares de Experiencia)
El anciano de los días
“Si las puertas de la percepción se purificasen, cada
cosa aparecería al hombre como es, infinita.
W. Blake
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GUSTAVE DORE
La Divina Comedia: Infierno
El Quijote. Sancho Panza y su burro
Don Quijote
El Quijote
La Divina Comedia: El Purgatorio
La Divina Comedia: El Infierno
El Paraíso perdido (detalle)
La Biblia
Paraíso Perdido
Paraíso perdido (detalle)
La Divina Comedia: Dante y Beatriz en el Paraíso
GUSTAVE DORÉ: El dibujo hecho vida
Paul Gustave Doré (1832 –1883) fue un artista francés, grabador e ilustrador.
Decir Doré es decir el arte del grabado llevado a su máxima expresión. La belleza de este técnica basada en líneas, degradados monocromos y contrastes se sublima con el dinamismo y la creatividad de este genial artista. Porque si algo nos impacta de él es la fuerza vital que tienen sus personajes, a menudo enmarcados en una descomunal naturaleza. Las mejores de sus obras nos ofrecen escenas vivas donde se agitan las pasiones humanas bajo la belleza soberbia de los elementos. O se empequeñecen ante fuerzas sobrenaturales agigantadas. En ilustraciones como las de "La Divina Comedia" de Dante, o "El paraíso perdido" de Milton, el romanticismo se cubre, además, de un bello toque de trascendencia.
Sentimientos de coloso, imaginación desbordada y una maestría sin igual en el dibujo hacen que las obras de Doré se sitúen entre las más hermosas del arte del siglo XIX y de toda la historia de la ilustración.
Cuando se ponen las sombras sobre la ciudad una mujer de negros ojos, de blancas manos, de vestido azul profundo... cruza las calles mojadas de llanto. De su bolsillo saca flores brillantes como cien lunas y a través de las ventanas en la tierna frente de los niños las coloca. Los perros vagabundos la están siguiendo, aúllan aterciopeladamente, ella no vive aquí, ni tiene huesos ni descanso, su morada es el Arco Iris y trabaja con las hebras del sol cosiendo heridas, tejiendo grillos a la noche, meciendo los rezos en sus brazos de lluvia.
La mujer, de blanco paso, de negro pelo, de vestido libre como el vuelo de las gaviotas... penetra en tu sueño y te coge la mano para que saltes con ella ese abismo que te aterra... para que despiertes con un deseo vivaz enredado en el pelo y cantos de golondrinas en las manos...
Pero hoy, la ciega noche la está llamando y la mujer de blancos brazos no acude; una lágrima de sangre le gotea por la manga. La manzana dorada de sus labios está herida,
y las raíces de su corazón se anudan entre sí porque los seres humanos están cerrando los ojos, caminan, aman, se abrazan, lloran dormidos... pero ya no creen en nada
Octubre y otoño. El otoño y la lluvia. La lluvia y las emociones que evoca.
Lluvia puede ser igual a nostalgia, o a vacío, o a dulzura, o a vida, a renacer, o a profundo anhelo... La lluvia canta una canción diferente a cada uno.
Bruscamente la tarde se ha aclarado Porque ya cae la lluvia minuciosa. Cae o cayó. La lluvia es una cosa Que sin duda sucede en el pasado.
Quien la oye caer ha recobrado El tiempo en que la suerte venturosa Le reveló una flor llamada rosa Y el curioso color del colorado.
Esta lluvia que ciega los cristales Alegrará en perdidos arrabales Las negras uvas de una parra en cierto
Patio que ya no existe. La mojada Tarde me trae la voz, la voz deseada, De mi padre que vuelve y que no ha muerto
Jorge Luis Borges
LLUVIA La lluvia tiene un vago secreto de ternura,
algo de soñolencia resignada y amable,
una música humilde se despierta con ella
que hace vibrar el alma dormida del paisaje.
Es un besar azul que recibe la Tierra,
el mito primitivo que vuelve a realizarse.
El contacto ya frío de cielo y tierra viejos
con una mansedumbre de atardecer constante.
Es la aurora del fruto. La que nos trae las flores
y nos unge de espíritu santo de los mares.
La que derrama vida sobre las sementeras
y en el alma tristeza de lo que no se sabe.
La nostalgia terrible de una vida perdida,
el fatal sentimiento de haber nacido tarde,
o la ilusión inquieta de un mañana imposible
con la inquietud cercana del color de la carne.
El amor se despierta en el gris de su ritmo,
nuestro cielo interior tiene un triunfo de sangre,
pero nuestro optimismo se convierte en tristeza
al contemplar las gotas muertas en los cristales.
Y son las gotas: ojos de infinito que miran
al infinito blanco que les sirvió de madre.
Cada gota de lluvia tiembla en el cristal turbio
y le dejan divinas heridas de diamante.
Son poetas del agua que han visto y que meditan
lo que la muchedumbre de los ríos no sabe.
¡Oh lluvia silenciosa, sin tormentas ni vientos,
lluvia mansa y serena de esquila y luz suave,
lluvia buena y pacifica que eres la verdadera,
la que llorosa y triste sobre las cosas caes!
¡Oh lluvia franciscana que llevas a tus gotas
almas de fuentes claras y humildes manantiales!
Cuando sobre los campos desciendes lentamente
las rosas de mi pecho con tus sonidos abres.
El canto primitivo que dices al silencio
y la historia sonora que cuentas al ramaje
los comenta llorando mi corazón desierto
en un negro y profundo pentagrama sin clave.
Mi alma tiene tristeza de la lluvia serena,
tristeza resignada de cosa irrealizable,
tengo en el horizonte un lucero encendido
y el corazón me impide que corra a contemplarte.
¡Oh lluvia silenciosa que los árboles aman
y eres sobre el piano dulzura emocionante;
das al alma las mismas nieblas y resonancias
que pones en el alma dormida del paisaje!
Federico García Lorca LLUVIA
( ...) Todo, todo ha desaparecido y estamos solos bajo la lluvia, solos en nuestro compartido, en nuestro apretado destino, en nuestra posible muerte única, en nuestra posible resurrección.
Te quiero con toda la ternura de la lluvia. Te quiero con toda la violencia de la lluvia. Te quiero con todos los tambores de la lluvia. Te quiero con todos los violines de la lluvia.
La lluvia es bella y triste y acaso nuestro amor sea bello y triste, y acaso esa tristeza sea una manera sutil de la alegría. Intima, recóndita alegría. Estoy tocado de tu destino. Oh, lluvia. Oh, generosa.
RAUL GONZALEZ TUÑON ( 1905 - 1974 ) ARGENTINA (Fragmento tomado de: