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Gauguin. El sueño pausado.






















Pinturas de Paul Gauguin



Gauguin es inclasificable. Es simplemente él, pintando a su modo, sin concesiones a la moda de su tiempo, con absoluta libertad, y con el placer de ser el único dueño de su arte. ¿Es quizá su lenguaje propio, espontáneo e íntimo lo que nos fascina?
Gauguin no pinta la naturaleza, el paisaje y las personas de un mundo ideal; pinta las vibraciones de su alma en un entorno ideal. Plasma los colores que capta su retina, envueltos en la música anhelante de su mundo interior; ésa que le brota, a veces con paz y otras con melancolía o nostalgia de una realidad imposible. Las mujeres de su isla, tan retratadas, no son tales: posan para él. Son figuras que posan, regalándole sus formas y colores para que él las transforme en poesía. Ellas forman parte de su ideario interno como formas dispuestas en una gran composición perfecta. Ese mundo hermoso, que escapa de todas sus pinceladas, obedece al emotivo paisaje de su mente, el cual va tomando de la naturaleza y de las gentes sencillas, el gesto, la forma dulce, libre y entregada.

En todas sus originalísimas composiciones vemos un ritmo lento y profundo, como detenido en el tiempo; un color evocador que es una delicia para los ojos. Sus cuadros nos trasmiten calma y encanto, pero también late, en algunos de ellos, una chispa de amenaza, o quizá inquietud, como si la belleza desnuda pudiera quebrarse de un momento a otro.
En definitiva, contemplando sus cuadros, siento desprenderse una melodía lírica y pausada, que va dejándome un regusto a verdad, a ensueño, a ideal vibrante.


Biografía de Gauguin:

http://www.epdlp.com/pintor.php?id=254

Simbolismo. El misterio abre la puerta


                                           EL MISTERIO ABRE LA PUERTA. SIMBOLISMO en el arte

File:Gustave Moreau 005.jpg
Edipo y la esfinge, Gustave Moreau

Musa del arte. Alphonse Osbert


Vértigo. Leon Spilliaert



El sueño. Pierre Cecile Puvis de Chevannes



El día (una figura). Ferdinand Hodler




Orfeo. Odilon Redon




La sensación. Ferdinand Hodler

La esperanza. George Frederick Watts



 El símbolo abre puertas. Y los simbolistas lo sabían. Tomaron símbolos universales: el amor, la muerte, la soledad, el más allá, Dios y el diablo... y les dieron formas. Cada forma debía sugerir un río de sensaciones; debían tocar lo profundo y despertar una pequeña exaltación en el alma del espectador; o levantar una montaña de misterios; o llevarle al porqué de su propia existencia.

 La imagen ya no reproduce; ahora evoca. Es una flecha que dispara emociones, o despierta al búho del inconsciente.

  El simbolismo enraiza en el romanticismo, pero prescinde de su lirismo enardecido y sentimental y va directo al impacto. Nos trae ideas; las intelectualiza, pero sobre todo las poetiza, transformándolas en sueños (o pesadillas). Se inicia así un camino que puede transitar lo oculto o el lado profundo de la mente.

  No todos los pintores usaban símbolos universales; algunos recurrían a una simbología propia, interna, hermética y cargada de tensión, con lo que nacían pinturas extrañas y fascinantes.

  Tras estos delirios pictóricos resurgirá el realismo con su intento de volver los ojos al mundo material, al detalle concreto y palpable. Pero la puerta de la subjetividad,  los sueños, la emoción y la irracionalidad ya ha quedado completamente abierta. El camino que asoma a lo lejos tiene piedras y árboles inimaginables, pero sin duda será recorrido con asombro por surrealistas, dadaístas, futuristas, abstractos, metafísicos, neorrománticos y todos aquellos que enarbolan la bandera de la fantasía.


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Maite Sánchez Romero (Volarela)

Habla la luz: Johannes Vermeer e Isabel Guerra




Johannes Vermeer (1632-1675)


Es inevitable para mí comparar a estos dos grandes pintores, lejanos entre sí en el tiempo, pero unidos por un tratamiento y sentimiento común de la luz.

La luz habla en estos cuadros: a través de colores y matices sutiles cuenta la pequeña historia que se esconde en cada lienzo.  Y lo hace con una delicadeza que transciende lo cotidiano, llevándonos a una sensación de encantamiento contemplativo y casi poético.

En todos los cuadros el detalle de los objetos cobra tanta importancia como el tema central, especialmente en Veermer. Éstos llenan y completan el espacio con su presencia, y nos hablan del mundo privado e íntimo del retratado.

En los dos pintores se aprecia una especie de soledad satisfecha en los personajes, un intimismo cálido; como si una cámara oculta estuviera grabando el grato ensimismamiento de una persona en sus quehaceres diarios. Todo es calmado y armónico, nada turba la escena; el tiempo parece detenerse y abrirse para que podamos ver y participar de cada detalle delicioso de la escena.

Pero la luz es lo más bello y es lo que queda en nuestra memoria emocional al contemplar estas pinturas; es la que narra sin palabras. En estos lienzos se posa finamente sobre las personas y los objetos. Y pausadamente, como polvo místico, los envuelve en su silencio.





Johannes Vermeer. Biografía: http://es.wikipedia.org/wiki/Johannes_Vermeer













ISABEL GUERRA. LA MONJA PINTORA. Artículo de Zenda Caballero
Desde que en 2005 vi por primera vez un cuadro de Isabel Guerra, he procurado seguir su trayectoria artística fascinada por su habilidad innata para plasmar un pensamiento en sus lienzos. La pintora de la luz como la llaman nació en Madrid en 1947, hija única muy deseada pues sus padres tardaron 10 años en concebirla, despertó a la vocación artística a los 12 años casi al mismo tiempo que a la vocación religiosa. Ingresó en el Monasterio cisterciense de Santa Lucía en Zaragoza a los 23 años y desde entonces su arte se ha centrado en plasmar todo el amor que siente por la vida con tal realismo, que transporta al observador al mundo de luz que la envuelve.
Ella dice que busca en cada cuadro la belleza, la luz, la bondad, la verdad y la hermosura con mayúsculas. Cada cuadro tiene su propia historia, su vida y en cada uno pone todo su corazón.
Miembro de honor de la real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo y de la Real Academia de Bellas Artes de San Luis, su cuadros se cotizan entre 2.000 y 10.000 € y suele exponer cada dos o tres años para deleite de todos nosotros.

Zenda Caballero:


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(Fragmento de una entrevista:)

P. Isabel, ¿qué le transmite esa realidad que ve cuando sale al exterior?, ¿le gusta?

R. ¿Este mundo convulso y violento que vivimos? Yo creo que no puede gustarle a nadie. Intento luchar dando pistas de todo lo contrario: luz y esperanza. Hay otros que luchan con el testimonio, utilizando el arte como un espejo de la violencia. Yo intento transmitir una fórmula que evite que la violencia se apodere de nosotros.

P. ¿El arte no ha de servir para transmitir los sentimientos que lo real provoca en el artista?

R. Yo me baso en lo real, no invento mis imágenes, pero llamo la atención sobre la paz y la luz, que sí está entre nosotros. Por ejemplo, ahora mismo estamos aquí bien, a gusto, sin violencia: luego es un mundo posible, y eso es lo que intento demostrar: que no está todo perdido, que la situación no es irreversible, que no estamos en el camino a la distorsión absoluta de la Humanidad. No, es posible encontrar caminos de belleza. Esto es lo que intento decir, y hay quien lo recoge.