Mostrando entradas con la etiqueta jueves. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta jueves. Mostrar todas las entradas

Un poema para mi blog


                                                       Cuentos bajo la almohada. Mónica

                                                       El extraño mundo de Neo. Título de blog

Hoy me he llevado una dulce sorpresa... 

Mónica, nuestra querida compañera de letras, magia, poesía y cuentos, se ha inspirado en el título de esta servidora "Cuentos bajo la almohada" para poner bajo su arte y su intuición las palabras justas que yo hubiera querido expresar para mi blog... 


Es un poema delicado, precioso.... ¡Gracias, qué lujo haberte inspirado!:





CUENTOS BAJO LA ALMOHADA



Ella llevaba sus cuentos

prendidos bajo la almohada.

 

No es que dudara del mundo

o de la gente y su mirada.

Lo hacía porque pensaba

que al tenerlos justo allí

-asidos en seda bordada-

se volvían más cercanos,

más íntimos, más expresivos,

macerados en su cama.

 

También allí los guardaba

-escritos con letras de plata-

dispuestos a ser releídos

apenas estar desvelada.

 

Suele, su Musa de estrellas

despertarla a medianoche

presta a narrar sus historias

-tan frescas como le nazcan-

para luego, las dos juntas

transcribirlas en su trama.

 

Más tarde, de nuevo dormidas

Musa y cuentista se acunan

en sábanas bien cobijadas

mientras sus letras conservan

los sueños ya revelados.


                                                                                    *







Burbujas

 



Pintura de Nicoletta Tomas Caravia


                                                BURBUJAS


La burbuja de Sofía estaba cada día más limpia. Ella se esmeraba en pasarle el plumero cada día; la llenaba de trinos y la aromatizaba con eucalipto y ciprés. Cuando encontró a Magdalena, tristemente reparó en su burbuja llena de remiendos, pálida y cenicienta. De entre el polvo se le escapaban  polillas.

─ Pareces muy triste le dijo.

─ Acabo de romper con Daniel.

Decidieron detenerse a la orilla del mar para hablar. Frente a ellos los paseantes portaban sus burbujas de colores. Uno de ellos la tiró al mar, lleno de furia. Contemplamos la burbuja explotar y formar parte de la espuma, que enseguida se tiñó de rojo. Nos compadecimos enormemente de él.

Un niño llevaba su burbuja atada a una cuerda de plata, como si fuera una cometa. La burbuja reflejaba un velero de velas rosas. Crecía y crecía tanto como la sonrisa de la criatura, que, descalza, chapoteaba en la orilla espantando a una gaviota, cuya burbujita estaba tan nueva como el cielo.

─ No sé cómo reparar mi burbuja. No me queda nada para remendarla. Muy pronto moriré ‒le dijo su amiga.

Al oír esto, Sofía la abrazó, y de su propia burbuja salió una clemátide que se adentró en la de Magdalena. Allí arraigó y comenzó a florecer.

Sofía volvió a casa muy triste. Sintonizó su burbuja con la música de las esferas y se durmió entre sollozos.

Al día siguiente, la gran burbuja del amanecer le trajo miles de pétalos de clemátide que cayeron inundando la calle. Era el adiós de Magdalena.

Notó cómo su burbuja se volvió densa como una montaña; su corazón no podía contenerla y ella apenas podía caminar.

Abrió la ventana más alta de su burbuja, la que miraba al cielo; y vertió por ahí todas sus lágrimas hasta volverse tan ligera que ascendió, siempre en su brillante esfera, hacia su amiga.

***