Amarillos de Vang Gogh












Los colores cálidos de Vang Gogh, especialmente el amarillo, no son colores, son clamores. El trigo clama su alegría a todos los vientos; los objetos claman su presencia contundente y vigorosa de testigos silenciosos; las flores no se están quietas en sus floreros de tanto fuego que les arde; las estrellas del sombrío cielo duermen con sus ojos extasiados en su propia llama amarilla; los zapatos descansan de su intenso viaje por la vida y reflexionan sobre su cansancio, con la agotada piel reflejando oro.

Todas estas gradaciones del amarillo nos hablan de un pintor franco y emotivo que quisiera pintar todo el mundo de entusiasmo. Cuadro tras cuadro, nos ofrece un redoble de luces en los que el impulso vital de las cosas clama su canción apasionada entre trazo y trazo de pincel.




Whyn lewis. Formas esenciales


















Minimalismo, diseño, ilustración, arte decorativo o arte trascendente... Lo que trasmiten claramente estas imágenes es simplicidad. Una sencillez que roza la pureza. La línea habla por sí sola.
Se trata de un arte esencial y directo como la mirada de un perro.

Whyn Lewis nos muestra unos animales bellos, quietos, ensimismados casi en su mundo interno, que ronda paralelo al nuestro.
Pero esa quietud blanca está teñida de delicadeza y ternura. Las formas compactas están tratadas por el pintor con exquisito mimo, como si por ellas pasara una caricia humana, un deseo de aprehender toda la humildad animal.

Poesía, belleza y ternura concentradas en tan sólo unas cuantas formas esenciales.

Volarela: Practicando el asombro: http://unvientodepaz.wordpress.com/

La Sibyla de MIguel Ángel: un rostro singular

Sibila Delfica-C Sixtina
                                               Miguel Ángel


El arte es muchas cosas. Hoy en día aún es más cosas; todo aquello que puedas imaginar es llamado arte. Pero hay un arte en mayúsculas, un arte que no sorprende un día para olvidarse después. Porque es un arte que nace de lo profundo del corazón del artista y viaja a lo profundo del corazón del espectador. Irá de ser en ser y no morirá, pues aunque la parte física de la obra se destruya, su recuerdo pervive en quienes lo han contemplado.
Esta obra es una de esas pinturas que "viajan" y "cuentan" y hacen vibrar algo indefinible en quien la observa. La humanidad vulnerable y frágil de ese rostro emociona. Miguel Ángel ha plasmado una emoción en ojos y labios que todos sentimos. No sabemos bien si es miedo o asombro, delicada preocupación, o hermosa espectación. Las aletas de la nariz y la contundencia del rostro aportan firmeza, claridad, tesón. La boca, dulzura y evanescencia. Los ojos... los ojos son el prodigio del rostro, el instante mágico en que esta mujer mira hacia el asombro con la prudencia de una diosa, pues está mirando nada menos que el futuro... Es un instante que refleja todo un mundo de pensamientos ocultos, silenciados. Un breve momento que sabemos que va a desaparecer, pero que queda inmortalizado en la mirada del observador.
Cuando un rostro así nos conmueve es porque podemos vernos en él. Podemos sentir nuestra mínima consistencia en esta creación. La sibila parece contemplar la venida de algo terrible sobre el planeta; pero si miras fijamente ese rostro, puedes encontrar una serenidad dispuesta a aceptar aquello que contempla. Tiene algo de angélico, de divino. Sus ojos parecen ir más allá de la realidad, como si estuvieran mirando más allá de lo físico.
Sólo un genio puede reflejar tantas emociones sutiles en un rostro. Así como la "Gioconda", éste es un personaje que te atrapa por sus ojos y sus labios. Que te habla de un misterio encerrado en el silencio pictórico. Que te lleva a la contemplación; que te une a la grandeza del instante vivo.
De sobra está añadir la perfecta simplicidad de los colores azules enmarcando el rostro, y esa cinta que resalta magníficamente la frente, allá donde moran los pensamientos que dan lugar a tan hermosa expresión.
Como me encanta encontrar almas vivas en el arte, seres que desbordan su humanidad, añado estos otros rostros memorables por su exquisita expresividad, su honda o peculiar personalidad.


Rembrandt van Rijn
Rembrandt van Rijn

Pietro Annigoni
Pietro Annigoni
Leonardo da Vinci
Leonardo da Vinci

Ken Hamilton
Ken Hamilton

Ken Hamilton
Ken Hamilton

Jules Bastien Lepage
Jules Bastien Lepage

Johannes_Vermeer
Johannes Vermeer

Durero
Durero

Charles Allen Winter
Charles Allen Winter

Bill Gekas
Bill Gekas

William Bouguereau
William Bouguereau

Bottcelli
Bottcelli

Delacroix
Delacroix

El Greco
El Greco

Picasso
Picasso

Georgia O'Keeffe. Detenerse a mirar















 


"Rellenar el espacio de modo hermoso. Eso es lo que el arte significa para mí".
Georgia O'Keeffe


Y nadie como ella ha sabido rellenarlo mejor. Sus cuadros reflejan un dominio del espacio total. Las formas lo llenan, pero no lo abruman. Simplemente le dan consistencia al espacio, lo colman de color, de densas sombras o luces puras: materia que de tan cercana se transforma en idea, sugerencia, poesía...

La plasticidad de las formas son las protagonistas en estos cuadros. Flores, o abstracciones de flores, parece que cada imagen esté hecha de carne, barro o cera. Es tangible, está moldeada con los dedos; tiene siempre una calidez casi de artesanía.


El color asombra. Simplemente es tan absolutamente personal que asombra, maravilla. Desde los más fuertes contrastes, casi violentos, hasta las más sutiles gradaciones de porcelana. Y todo distribuido con absoluto equilibrio. El uso del negro, personalmente, me resulta muy elegante, siempre aplicado en la medida justa para resaltar los demás colores.

Las flores le deben a O'Keeffe el haberles leído el corazón. Un corazón indescifrable y misterioso, pero abierto. Abierto para la mirada de todos. Pliegues, texturas, ritmos ocultos y replegados, estambres o pistilos ensalzados por el ojo de la artista, que ha apartado los pétalos para mirarlos en detalle, amorosamente, y dedicarles un poema visual.

Cuando estas flores se diluyen en la estructura básica de sus formas; cuando la pintora amplía aún más su visión, entonces se abren las puertas a lo desconocido. La abstracción en estas pinturas se hace mística, profundamente misteriosa y densa. Penetramos un mundo interno similar a una cueva de reposo y silencio que contuviera cientos de puertas o velos para ir descorriendo, para ir conociendo.

"No hay nada tan poco real como el realismo. Sólo cuando se elige, se dejan cosas de lado y se fijan los puntos básicos, se tropieza uno con el significado verdadero de las cosas". O'Keeffe

Eso es lo que hace ella una y otra vez. Apartar lo innecesario, lo superfluo, para dar con la esencia. Busca el elemento primario mediante su intuición. Navega entre el vacío y el todo. Sus cuadros plasman estos dos conceptos. Y aún más, miran a través de ellos.
El todo porque la unidad de cada pintura es máxima. Nada está desarraigado. Todo está fusionado, cohesionado como si fuera indivisible.

El vacío, majestuosamente quieto, se encuentra en las formas puras y blancas de muchas de sus flores. Sencillas, directas: belleza sin más. Pero que en su recato hablan de su propia perfección; cantan suavemente el lado más cándido de la armonía. 

También asombra el vacío que supo plasmar en sus cuadros de huesos, recogidos en el desierto en el que vivió. Se desprende un verdadero amor por aquellos vestigios recalentados al sol. Vemos emanarse la elemental blancura de la soledad; la digna belleza de los huesos expuestos a la intemperie, como si nada les importara la muerte... Al fin y al cabo, la muerte es un concepto humano y saturado de emociones, pero la autora busca la realidad más allá de esta subjetividad, mostrando el lado imparcial de la existencia, de la belleza en sí misma, de la idea libre y exploradora. Por eso sus cuadros siempre son potentes, atrevidos, novedosos.







Hay que imaginarse lo que deben de impactar estos cuadros vistos al natural, pues solía hacerlos de gran tamaño.

“Una flor es relativamente pequeña. Todo el mundo tiene muchas asociaciones con una flor, con la idea de flores…Sin embargo, en cierto modo nadie ve de veras una flor. Es tan pequeña. No tenemos tiempo y ver requiere tiempo al igual que tener un amigo requiere tiempo. Si yo pudiera pintar la flor exactamente como la veo no la vería nadie ya que la pintaría pequeña como pequeña es la flor. Así que me dije: pintaré lo que veo, lo que la flor es para mí, pero la pintaré grande y ellos se sorprenderán al tener que tomarse tiempo para mirarla; haré que incluso los atareados neoyorquinos gasten tiempo en ver lo que yo veo en las flores.” 

O'Keeffe

 

 
 
Detenerse a mirar las cosas, a llenarse de lo observado tomándonos tiempo, es lo que O'Keeffe enseña.
Tiempo para solazarse en la perfección de los seres, admirarse de la  profundidad que contienen y aprender, infinitamente aprender de ellos, como las partes del gran puzzle cósmico que son.



 







Biografía de Georgia O'Keeffe (Sun Prairie, 1887 - San Vicente de Santa Fe, 1986) : http://www.biografiasyvidas.com/biografia/o/o_keeffe.htm


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No os perdáis el precioso post que nuestra compañera Adriana Alba le dedica a esta gran pintora:
http://descubriendonuestrointerior.blogspot.com.es/2012/06/taos.html?showComment=1453790874162#c7351285185800901128


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