RECOLECTANDO MAGIA PARA JASCNET
Siguiendo la propuesta de J. Antonio (jascnet) en su mundo de palabras mágicas donde invita a cada escritor a escribir un cuento desde una mansión (Acervo de Letrras ) he escrito este cuento dentro de otro cuento.
Ha salido algo largo debido a la introducción y necesario desenlace; espero que valga la pena vuestro tiempo.
Gracias por leer y comentar.
OCHO NIÑOS, UN CAMPANERO Y UNA POSADA
Me dijeron
que la posada estaría sólo a un kilómetro, sin embargo, lo que yo encontré no
fue la humilde hospedería que imaginaba, sino una gran mansión palaciega.
Como
tiritaba de frío y me dolían los pies con una saña congeladora que no perdonaba,
llamé a la puerta. Mis azulados dedos subieron a mi boca en señal de sorpresa.
Un mayordomo
alto, calvo y ciego me recibía.
Me hizo
pasar a una gran sala muy lujosa donde había ocho niños alrededor de una
chimenea.
—Bienvenida,
cuentista. Tendrás alojamiento y comida si alegras a estos niños con un cuento
—me indicó el mayordomo con el rostro ahora vivamente iluminado por el fuego de
la sala.
Debía de
estar muy extrañada y hasta asustada ante un intercambio tan insólito. Pero los
niños eran tan cordiales que enseguida me hicieron un hueco a su lado. Me sentía francamente bien.
Sonreí,
disimulando mi inseguridad. Entonces miré la nieve que caía sosegadamente a
través de los cristales. Los niños, ahora, me miraban a mí, expectantes. Me
senté, y una niña pequeñita, de unos cinco años, me acarició la mano como si me
conociera. Era tan cálida como el fuego más hermoso de todos los fuegos
posibles en un duro invierno. No tuve más remedio que buscar en mis mermados
bolsillos creativos algún dulce... por lo que empecé a narrar sin saber hacia
dónde dirigirme:
“Desde la
torre de una iglesia románica muy antigua, cuatro campanas hermanas miraban al
unísono los hilos descendentes de la lluvia.
—¿Es que las
campanas pueden ver? —me preguntó un niño de pestañas enormes.
Para estas
campanas sí era fácil verlo todo
—respondí—. Continúo:
“Bajo los
tejados del pueblo contemplaban las
charlas de sus habitantes alrededor de una mesa, e incluso sus risas desvaneciéndose sobre la humeante sopa caliente.
—¿Cayendo
sobre la sopa?, ¿sus risas?, ¿Cómo copitos de nieve?, dijo un niño de
dientecillos separados.
—Sí, algo
así, hasta que se derretían en la sopa, claro —los niños se rieron.—Pero a ver…,
dejadme seguir... Volviendo a las campanas…
“Las cuatro
hermanas de bronce podían sentir desde allá arriba el helor de las riadas
impetuosas recorriendo las calles empedradas y hasta el anhelo de un gato
aventurero deseando volver a casa.
Aquellas
cuatro amigas, cuyo origen se perdía en la espesura del tiempo, disfrutaban
volando con los gritos fugaces y rojos de los niños. También sabían del placer
de un vino compartido entre amigos, o de esa mano tierna, que aun con olor a
cebollas recién cortadas, mecía al bebé en la vieja y carcomida cunita —la chiquitina
volvió a tocarme. ¿Estaría ella inspirándome esta historia? Seguí, movida por
un deseo ardiente de tirar del misterioso hilo que me hacía hablar y hablar…
Al cesar
aquella lluvia tan pacífica, las campanas notaron la pálida caricia del sol
atravesando la espesura de sus ennegrecidos cuerpazos. Luego se durmieron con
la nana lejana de las aves del bosque.
Tras la
ventana empañada de una casa pobre, una mirada más húmeda que el agua que acababa
de caer, las contemplaba. Era el único que conocía el lenguaje de las entrañas
broncíneas.
El hombre
era el viejo campanero que estuvo tocándolas durante cuarenta años. Su vida
había trascurrido solitaria, sin descendencia, quizá inútil a ojos extraños,
pero plena de mensajes metálicos que había introducido en su alma casi como su
alimento diario.
Porque aquellos
sonidos de las cuatro hermanas eran mágicos…
Cada tañido que
emitían resonaba en las criaturas de su alrededor: las atravesaban literalmente,
devolviendo al campanero, como un eco, el elixir exquisito, la esencia y hasta
el sentido último de la vida de los seres. (Los niños comenzaron a abrir más
sus ojos inocentes.)
El hombre se
volvió cada vez más callado a medida que escuchaba las voces que salían de
aquellas cuatro gargantas, quedando sordo para el mundo.
Sólo hablaba
con ellas. Cuando tiraba de las cuerdas para hacerlas sonar, no podía oír nada,
pero sentía sus voces retumbando dentro de sí mismo, dejándole frases, incluso
historias enteras; las vidas de cada habitante del pueblo llegaba al interior
de aquel hombre a través de ellas, quisiera o no; las campanas observadoras lo
sabían todo de todos, y todo se lo contaban. Él, sabedor de todos los secretos
del pueblo, y sordo y mudo al final de su vida, ayudaba en todo lo posible a
quien podía. Un cariño profundo nacía hacia todos cuanto más los conocía.
Lloraba solo
y reía solo también, pero era feliz.
—El viejo
mudo, ¡qué agradable es! —se decían los vecinos.
—Sin hablar,
cómo acompaña su presencia, igual que un padre bueno. Y además, se anticipa a
nuestros deseos, como si nos conociera de toda la vida.
Realmente se
hizo amado aquel loco. Cuando daba las campanadas dominicales parecía bailar en
éxtasis, colgado de sus gruesas cuerdas.”
—¿Qué es
éxtasis? —preguntó una niña con trenzas pelirrojas.
—Es como si
estuvieras aquí, pero sin estar aquí —respondió otra que por lo visto ha leído
mucho ya.
“El día
anterior a la muerte del campanero llovía, como casi siempre. Pero, para
sorpresa de todos, esta vez la lluvia estaba coloreada de verde, depositando
por todas partes una melancolía líquida muy triste. El campanero estaba muy
enfermo, agonizante.
El tinte
verdoso solamente se borró cuando murió. Y en el mismo instante en que su alma
abandonó el viejo cuerpo, las campanas tocaron solas durante toda la noche,
para sorpresa y pavor de toda la gente.
No pararon
de tocar una campanada cada media hora, muy sombría y honda, como si llegara
del fondo de la tierra, estremeciendo el sueño de todo el pueblo.
El misterio
se prolongó en el entierro del campanero, pues esta vez quedaron totalmente mudas,
por más que se insistiera en tirar y sacar de ellas un sonido fúnebre.
Tras el entierro,
volvieron a sonar solas durante más de
quince días seguidos, cada noche. Y su sonido, casi desgarrado, casi humano,
alcanzaba los oídos de las gentes acostadas y pensativas en sus camas, y les
hacían llorar.
Hasta que
callaron definitivamente.
Desde
entonces nadie tuvo valor de devolverlas a la vida tirando de sus cuerdas.
Pensando que
traerían mala suerte, las cambiaron por una campana eléctrica, más acordes
también a la llegada al pueblo de la luz eléctrica.
Las enormes
cuatro campanas fueron fundidas dando una inmensa cantidad de bronce, que luego
fue vendido a un rico empresario de estatuas. Éste las transformó en lujosas
figuras para relojes. En total salieron más de treinta, cada una más fascinante
que la anterior.
Sin embargo,
el pueblo todavía era testigo de las campanadas, aunque luego las olvidara.
Una vez al
año, en noches de lluvia larga, insistente, y azul, en dirección al cementerio,
se escuchaban unas vagas campanadas. A continuación venía un denso y largo
silencio expectante. Y después, sólo la hierba húmeda notaba el paso profundo,
pesado, de figuras de bronce que bailaban en corro, solemnemente.
Y sólo el
prado sabía que, a cada vuelta, recitaban las historias de cada uno de los
vecinos que en ese momento soñaban.
Entonces, las
vacas de los alrededores mugían, los perros aullaban, y los habitantes del
pueblo interrumpían su sueño para rezar una pequeña oración por el campanero. Entonces
retornaba el silencio, esta vez más dulce y benévolo que nunca.
Acto seguido,
animales y hombres se volvían a dormir, sintiéndose extrañamente reconfortados.
Al día
siguiente olvidaban completamente el fenómeno de la noche anterior, pero eso
sí, con una asombrosa resonancia que parecía viajar de corazón en corazón.
Se miraban,
se sonreían, extrañados y cómplices al mismo tiempo de una dicha que les
recorría el alma hasta el punto de abrazarse sin tan siquiera saber el motivo.
Estaban
hermanados como nunca.
Y esto se
repetía cada año, cuando las cuatro campanas conmemoraban la muerte de su
querido campanero.”
—Y aquí
termina mi cuento…
La niñita
que me cogió la mano al principio de contar la historia estaba muy alegre,
aunque no hablaba. Alguien comentó que era muda.
La tomé en
brazos y la puse sobre mis rodillas. Al acercarse, noté en ella un aroma
profundo a tierra mojada, a pétalos frescos. En el cuello tenía un colgante muy
curioso:
Cuatro
campanitas de bronce.
Las hizo sonar agitándolas con sus deditos
mientras me sonreía. El fuego, a nuestro lado, comenzó a bailar frenético y
vital, como si un viento de rosas lo agitara.
Aquella
noche dormí diez horas de un tirón, como una niña.
Al salir de
la mansión la mañana siguiente, no quise hacer preguntas. Sentía que la magia
podía quebrarse de un momento a otro.
Los niños me
dijeron adiós mientras construían un muñeco de nieve. El mayordomo echaba grano
a una bandada de ocas hambrientas con un ensimismamiento casi devocional. Hasta
me parecía que el cielo se admiraba de su azul reflejado en las ventanas de
aquella mágica mansión…
Sí, todo era
perfectamente hermoso, como una burbuja enorme que debía ascender en armonía con
el mismo viento.
Era necesario que permaneciera así por siempre: inspiradora e intacta en toda su fantasía.
Escrito por Maite Sánchez Romero (Volarela) para Acervo de Letras




Pues claaaro que ha valido nuestro tiempo , porsupestísimo ! una de is preciosidades en letras, mi querida VOLVORETA ; )
ResponderEliminarQué entrañable la forma en la q interrumpes el cuento con las curiosidad de los pequeñajos q te acompañaban y qué mágico q la pequeña q al inicio acariciaba tu mano en realidad fuera mudita como el campanero ... toda la historia recorre un círculo perfecto con el hilo conductor del tañir de estas cuatro mágicas campanas q al traspasar su sonido a quienes las escuchaban se unu daban de satisfacción y felicidad ....Cómo si el campanero fuera una especie de Padre bueno, que cuidaba de todos sus vecinos con la mágica melodía de sus campanas ...absolutamente delicioso , muchísimas gracias..Eres como una hadita repartiendo polvos mágicos con los q nos dibujas sonrisas en el alma ...Espero q tenga muchísimo éxito tu precioso cuento, q disfrutes de un mágica Navidad con los tuyos y que sigamos encontrándonos frente a est inmensa y cálida chimenea blogosferica ; )
Un beso lleno de Tigo lo mucho y bueno a mereces y mus mejores deseos para estos días y siempre!
✨🎄✨🎄✨MUY MUY FELIZ NAVIDAD ✨🎄✨🎄✨🎄✨
😘😘🌷
¡Gracias, querida María!
EliminarEs una alegría que te hayas identificado tan bien con el relato. Éste es de los "dulces", y es que la propuesta de nuestro buen amigo José Antonio requería uno así, blanco, lleno de la transparencia de los niños que además, para mí, es lo más bonito de la Navidad.
Así es totalmente, el campanero al conocer los secretos de todos a través de las campanas se convierte un poco en padre de todos, las campanas son el elemento mágico que además le hace aprender de todo y todos, eso sí, en completo silencio, pues nadie sospecha lo que va guardando dentro de sí.
Gocé mucho escribiéndolo; al leerlo vi que tiene un aire entre Becqueriano y Anderseniano.
El detalle de los niños también me gusta aunque en realidad no sabía si sería bueno o malo para la narración, puesto que la interrumpe. Además, obliga a cerrar el cuento con el comienzo, lo que me dejaba la duda de si no alejaría la atención del tema principal que es las campanas.
Como ves, siempre en profunda aprendizaje del arte de narrar. Vosotros me dais mucha claridad al comentarme espontáneamente. Me ayuda a saber si llega o no el mensaje.
Mil gracias de nuevo por el regalo de esta otra lectura. Por tu implicación y generosidad con lo que escribo.
Un abrazo gigante, y por supuesto, que la Navidad ¡te haga muy feliz estos días!!!
No tengas ninguna duda, la interrupción de los niños dota de uan dosis extra de realismo a esta preciosa historia de ficción mágica ; ) es más, aunque te confesaré que me he acercado porque acabo de ver tu otro regalo a los pies de mi árbol que no había visto.. Me ha hecho pensar esta historia tuya.. no quedé nada satisfecha del comentario que te dejé, como siempre fue a la carrera y sin ese teimpo pasuado que tanto merecen tus letras, pero cuando me iba pensaba .. claro, el campanero es Dios Padre ( perfecto conocedor silencioso, de todos y cada uno de nosotros) y el tañir de las campanas el amor que les manda a sus convencinos para sacar su mejor versión mientras las campanas seunan .. por eso, aunque las campanas ya no estén .. ese amor y esa magia se sigue produciendo en ellos.. no sé, algo así, pensé ... y ahora pienso que no sé como agradecer todo lo que me regalas .. deberías llamarte Santa ClausMaite jajaja eres un tesoro, de corazón te lo digo .. un besazo inmeeenso .. en estos días, antes de irme te contesto allí en condiciones, quise venir antes a darte las gracias ... otra vez : ) Que tb tú seas, te sientas y disfrutes muy feliz de estos días y de siempre preciosa! Nadie lo merece más que tú MuaaaksS!
EliminarNo te preocupes por contestarme allí, cuando tengas tiempo. Ya he visto que lo has visto y es lo importante, no estaba segura de si se te había largado a Spam (Suena feoooo) ;) :)
EliminarDe verdad que ¡Me reencantó tu entrada!!
Pues fíjate, no pensé en esa interpretación, pero cuadra aún mejor que lo que yo sentí al escribirlo. Es más perfecto. (Si pensé que sería lógico interpretarse así, pues realmente parece un padre de todos, alguien superior). Muy hermoso, Maria, ahora me gusta más.
Gracias por volver a darme ese detalle, y tu comentario fue precioso, nada precipitado sino muy profundo: otro regalo en mi Árbol (te lo copio que me gusta).
Disfruta mucho con los tuyos, ¡tú si que eres una Mamá Noelia, y de las grandes! :)
Maite, me has tenido enganchada ha sido fantástico, me ha encantado. Toda esa historia con los niños, y como has llegado al corazón de todos esos pequeños. Las campanas son mágicas, en mi pueblo se utilizan para convocar a los fieles a los servicios religiosos, y doblan cuando fallece alguien. Te deseo mucho éxitos con tu maravilloso cuento.
ResponderEliminarTe deseo para ti, y para tu familia, unas bendecidas Navidades.
Ni que tú ya eres un ángel.
Que siempre tengas un Ángel a tu lado, estimulando tus sueños, para que sigas inspirándote. Que siempre aparezca el arco iris después de la tormenta y que siempre te abrigue la esperanza.
Feliz Navidad!!!
Gracias, Cristina!
EliminarSí, las campanas son una de las cosas más maravillosas y entrañables de todos los pueblos. Como yo soy de ciudad, cuando visito algún pueblo, escucharlas me saben a gloria: hablan de tanto, tanto... Quizá por ello me gustó escribir tanto este relato.
Me alegra que te gustara, que te haya enganchado es fantástico :)
Mil gracias por tus bellísimos deseos. Deseo lo mismo para ti, que sientas vivamente el ángel que te acompaña. Esperanza, ilusión y amor en tu vida, querida compañera. Feliz Navidad.
Hola, maravillosa cuentista. Supongo que el hecho de que las palabras se atasquen en salir, justo al terminar el cuento, dice mucho de su lectura y lo que genera.
ResponderEliminar¡Obliguémonos a comentar!
Nada más comenzar la historia, como es evidente, me convertí en uno de esos niños que escuchaban, atento y callado, como solía ser. Por dentro estallaban muchas preguntas, pero los siseos de las brasas de la chimenea me hacían callar.
Y convertido en oyente, más que en lector, un sonido grave, profundo y resonante me recuerda que vivo junto a un campanario. ¿Casualidad o Magia?
Es genial la forma en que has transformado la introducción y cómo has metido a los personajes que esperaban al huésped en la historia, transformándolos en dulces y curiosos niños. Cómo, al ir avanzando el cuento, estos ya no preguntan, callan, embelesados y absorbidos por el cuento, como nosotros. Y, a pesar de la tristeza por la pérdida del campanario, transformas las palabras en preciosos dulces que los niños pueden degustar sin lágrimas.
Como los bombones y las golosinas, lo mejor es el regusto que te deja luego en la boca; así, nos deleitas con un doble final que llega hasta el corazón y la misma alma. Esa niña, ángel inspirador del cuento, y ese abandono físico que nunca será espiritual y emocional.
Bueno, al final salieron las palabras, extenso comentario, pero nunca tan grande como la gratitud por tantos regalos como le ofrecéis al Acervo y al VadeReto.
Gracias por tu generosidad, transformada en cuento. Siempre dejas los corazones más tiernos y grandes que antes.
Muchas Gracias, Abrazo Grande y ¡FELICES FIESTAS!
¡José Antonio! Es que lo das todo...
ResponderEliminarNos haces propuestas irresistibles, te detienes a leer siempre con el corazón, con todo el tiempo del mundo... y luego, cuando das tu impresión, siempre hay una satisfacción en todos nosotros..., (sea mejor o peor el relato, porque no siempre salen como quisiéramos, jaja ) porque tú sabes dar con las mejores palabras (se unen tu Dominio del lenguaje y tu buen corazón). ¿Dime si no eres el Mejor Santa Claus de las Letras? Dejas regalos aquí y allá, jaja :) Nos haces felices. Gracias a ti, de verdad.
A mí me pasa muchas veces con tus relatos; me quedo en blanco (embobá ;)) y no sé que decir. Luego tiro y tiro y no paro, aunque siempre me queda la sensación de que no he logrado trasmitir todo lo que he sentido...
Me encanta que te hayas sentido niño, -me superencanta-; también que tengas tan cerquita un campanario (qué curioso y mágico!), que hayas captado que la niña es la inspiradora (lo dejé un poco de soslayo y misteroso) y bueno, que te deje un gusto de dulce al terminar... Eso ya... no me podía dejar más feliz.
Qué bonito lo que dices de que te sentías niño, envuelto en las palabras y los sonidos de las llamas acallando tus preguntas... ¡Ay, cómo se expande tu imaginación de escritor!
Qué pena que no pueda leer tu aporte hasta el final del mes, siempre te pones el último con toda humildad ¡siendo el maestro!
Abrazo muy grande, alegre, y bueno... si tú ya eres la Navidad, ¿cómo te voy a felicitar por lo que ya eres???
Aún así, muy, muy bellas fiestas!
🩷🩷🩷🩷🩷
EliminarTodo un lujo leerte en este largo y bellísimo cuento, me quedo enamorada de escritura he pasado un rato de lectura super agradable, exquisita prosa me ha encantado.
ResponderEliminarTe admiro gracias por darnos tanto y tan bello.
Se muy muy feliz. ✨️♥️
¡Marina, qué sorpresa me diste al verte aquí!
EliminarGracias de verdad, por leerlo, por tus palabras siempre tan sentidas para mí; por tanta delicadeza y generosidad de alma.
Yo también te admiro, poetisa sensible, ruiseñor de las letras :)
Un beso enorme y tú también sé muy, muy feliz, que lo mereces! :)
Una historia muy linda, tierna, pintada para estas fechas. Una pena que las campanas fueran fundidas, pero esa magia de seguirlas escuchando es fascinante. La narradora y esos niños que la escuchan con mucha atención son tiernísimos. Un relato que está escrito de una forma que llega al alma. Un gran regalo. Enhorabuena.
ResponderEliminarMe alegra un montón, Ana. Te agradezco de veras que hayas leído el cuento con tanta atención, ¡y cariño! Eso sí es un gran regalo.
Eliminar¡Muchos besos!
A veces es maravilloso volver a la infancia y en este caso, la autora del cuento camina hacia esa hospedería, que la lleva "all palacio dorado de su infancia," allí encuentra a muchos niños, hermanos y amigos, que le hacen sentirse como en casa....Los cuentos, que tanto le gustan los lleva en el bolsillo, y esa niñita entrañable le tocó con su varita mágica para llevarnos a todos al pueblo de las campanas...Esas campanas son símbolo de Navidad, mensajeras de paz y amor y quién mejor que ese "divino campanero" para hacer posible que los mensajes llegaran a todos y transformaran su interior...? La lluvia, la fructífera y nutritiva lluvia también es protagonista junto a las campanas del milagro de vida y transformación...Pero, todo cambia, evoluciona y se transforma, el viejo campanero murió y los sonidos de vida se volvieron tristeza, dolor y melancolía...Las campanas dejaron de serlo, pero quedaron impresas en las mentes de las gentes, que recordaban cada año a ese divino campanero, que como el Niño Dios, volvía a tocar sus campanas-mensajes de paz y amor...
ResponderEliminarEsa niñita muda, llevaba en su alma la naturaleza, quizá era esa niña interior de la autora, que llevaba en su cuello las "campanitas y tantos cuentos y mensajes, que nos va dejando en sus letras y nos llenan de magia y de vida...
Había otra niña, entre esos ocho niños, que escuchaban el cuento, es la "niña de las azucenas, que escribe esperanza y pinta colores al viento...Esa niña, sigue escuchando tus campanas letrras y siente que el tiempo es eterno y nuevas dimensiones de paz y amor se abren ante sus ojos...Gracias por este diivino cuento, que nos da alas para seguir creyendo en la Navidad y en los valores humanos, amiga mía.
Mi felicitación, mi abrazo grande y todo mi cariño, mi inolvidable hadita...!!!
Mª Jesús, siempre te lo digo... Nadie mejor que tú representa la Navidad, en toda su pureza. Lo vuelves a demostrar en este comentario tan dulce, tan lleno de ti...
EliminarMe ha encantado todo. Cómo has sentido a los niños, a la pequeña inspiradora (siempre dejamos parte de nosotros en lo que escribimos...), el papel casi divino del hombre en comunión con las campanas y luego con todo el pueblo, la muerte y transformación, el eco eterno que sigue viajando a través de todos, más allá de la forma... Jo, no sabes la alegría que da que te lean con tanta entrega... Gracias...
¡Y, sí, la vi!!
Allí estaba esa otra niña de ojos profundos, tomando notas en su alma para futuros poemas y con un dos alitas preciosas de colgante que sólo ella sabe cuánta esperanza llevan dentro...
Qué feliz me dejas, preciosa amiga...
Muchísimas gracias por todo lo que das.
¡Un abrazo inmenso lleno de cariño!
¡Hola, Maite! Qué maravilloso cuento has creado, el escenario muy acertado para conmemorar esta época en la que se recuerda el nacimiento de Jesús, a su madre a punto de dar a luz y a su padre en busca de albergue. Y en lugar de un establo, encontrar ese palacio con esos ocho niños que representan ocho grandes tesoros de la vida.
ResponderEliminarLa amabilidad. La inspiración. La alegría. La curiosidad. El gozo o éxtasis (dedicación y entrega total). El misterio. La transformación. Y la eternidad.
Un cuento hermoso, con toda la dulzura posible, inocencia y encantadora magia, nos narra una auténtica historia llena de gracia, fantasía y amor, muy apropiada para la época de navidad. Silencioso y al mismo tiempo frenéticamente musical y armonioso, donde el tañer de las campanas se hace sentir y se transforma en esencia y existencia de todo el pueblo de Dios.
El mayordomo representa la amabilidad y humildad. Los niños la alegría y curiosidad. La niña que no habla, pero toca con tanta sensibilidad representa la inspiración, es esa niña interior que regresa a refrescarle la memoria con ese olor a tierra mojada y pétalos frescos, y ese curioso colgante dotándola de entendimiento.
El campanero representa el gozo de existir (el dar y entregarse a los demás), las tradiciones, la esencia de la vida y la eternidad. Las campanas representan el misterio (la indescifrable conexión de todo lo existente) y la transformación (la muerte y resurrección, la permanencia).
El final, con esa increíble sensación de paz, muestra la fusión de dos que se hacen una, la niña interior por fin crece, madura y le dice adiós de corazón, con aceptación para que la magia perdure, con la suficiente fe y devoción para dejar que la vida siga su libre y burbujeante curso...
¡Ay, Maite! Hay historias que son pura alma en efervescencia, y dan vida incluso a los corazones muertos. Gracias por este gran regalo almico, por tu delicada y sensible manea de crear vida y lazos indestructibles a través de las letras.
Que la navidad y el 2026 sigan alimentando ese espíritu amoroso y genuino que te hace tan especialmente encantadora. Un fuerte abrazo de esos que sin importar distancias se sienten y se quedan con nosotros para reconfortar el alma siempre que lo necesite. PLENITUD Y FELICIDAD.
Ahora dime tú si esto no es un regalo... puesto a los pies de mi arbolillo... `
EliminarEs absolutamente hermoso cómo has identificado a través del doble cuentos estas ocho cualidades, y además personificándolo en los niños y el resto de los personajes. Es una reinterpretación que me llena de asombro... De verdad, preciosa. Cada personaje representa una idea y no puede ser más acertado. Lo dicho, traspasas lo que lees... y además lo sublimas.
Contentísima y agradecidísima.
Me vas a viciar, jajaja, no seas tan generosa conmigo ;)
¡Otro abrazo así de bonito, reconfortante, auténtico!:)
Un precioso cuento con un cuento dentro. Me gusta todo de él. Empezando por cómo los niños van preguntando y, con ello, metiéndonos en el ambiente. La relación de la narradora con la niña es otro añadido. La historia del campanero termina y nos deja otra historia con otro final de ensueño. Me ha gustado mucho.
ResponderEliminarFeliz Navidad.
Un saludo
Y mí me ha gustado mucho óomo lo vas desgranado todo en una síntesis perfecta. ¡Muchas gracias por leer un texto bien largo, Luferura!
EliminarUn saludo cordial :)
Maite, vuelvo para agradecerte ese hermosísimo regalo que me dejaste en el blog, te dejé un comentario ahí pero por si no te llega el aviso, te dejo las mil gracias aquí, lo enmarqué en un recuadro y lo puse en el lateral del blog, y como no se lee bien, lo colgué dentro de la entrada.
ResponderEliminarGracias ángel de amor y luz por tan bellas y poéticas palabras. Espero que hayas pasado una hermosa Nochebuena, que tengas un maravilloso día de Navidad, y un inmejorable año 2026, besos..
Me ha alegrado mucho que te gustara... Y más que te mereces.
EliminarUn beso enorme y lo mismo multiplicado para ti! :)
Me encanta cómo introduces el cuento dentro del cuento, sobre todo el detalle de empezar a contar sin saber hacia donde va, porque al final, con la revelación del colgante, se redondea al relato y nos revela, que consciente o inconscientemente, ha sido la niña la que ha hecho de musa. Todo sale de ella y la cuentista viene a ser una escritora automática de lo que inspira la niña y el colgante; como en un trance.
ResponderEliminarComo bien dices por algún comentario, los protagonistas de estas fechas sin los niños. Y la historia principal del texto es la de los niños, y no la del vcampanero ( así lo veo yo). De modo que las preguntas infantiles creo que no solo son convenientes sino necesarias, para no perder de vista cuál es la historia principal. Además, el diálogo, ya sea interno o externo agiliza. El cuento de un tirón y sin diálogos, hubiera sido contraproducente ( incluso inverosímil sin que los niños interrumpieran).
La salida de la casa con una sensación de felicidad sorprendente, contrariamente a la llegada, me afirma en la teoría del trance.
Te he echado de menos en el tintero porque esperaba ti relato, porque el tema de este mes parecía que te venía que ni pintado. Aunque , a mi alguna vez me pasa que cuando un tema, parece propicio para uno, es entonces cuando no le sale a uno nada.
Besazoo y Feliz Navidad
¡Pues mil gracias, Gabi!
EliminarSí, conduje a la pequeña para que fuera el nexo entre los dos relatos, la verdadera inspiradora, dejándolo así, con un poco de misterio. Me gusta que ese final te haya hecho pensar en esa especie de trance, justo donde nos lleva la inspiración, la otra realidad, paralela o no donde todo es posible.
Y también me gusta que los niños aquí no interfieran con sus preguntas, sino que sean esenciales. Cada vez me animo más a intercalar diálogos, como dices, para dejar pausas al lector porque, siempre avivan y relajan de un exceso de descripciones. De hecho, el relato que iba a presentar era sólo diálogo, pero finalmente no me convenció, y por ahí lo tengo para revisar.
También es cierto que me falta tiempo, y, por qué no decirlo, me siento un poco decepcionada por IAs que detecto, en textos e incluso comentarios, sin contar con plagios... Pero en fin..
Un abrazo muy grande, no dejes de escribir que ahora lo auténtico es verdadero Oro.
!Holaa, querida Volarela¡
ResponderEliminarDe nuevo paso a releer este mágico cuento, porque es para leer y releer, al ser largo yo necesito volver, sabes me encanta, me saca una sonrisa en algunas frases que plasmas sobre las campanas y el campanero, con esa naturalidad tan admirable que te acompaña en todo el relato, me parece que te veo sonreír cuando escribes, es de una belleza que cautiva a quienes te leemos.
Un largo abrazo llenito de gratitud este rato de lectura extraordinario. Feliz Navidad.
Y gracias por el bellísimo poema que me regalas, Poeta Grande.
Se muy muy feliz, te quiero amiga. Te deseo lo mejor del mundo.
Y tus palabras también, Marina. Son cautivantes. Siempre tan amorosas, dulces... Te las agradezco infinito. Es fantástico tenerte cerquita, compartiendo letras y esa parte del alma que vibra más allá del espacio (tú me comprendes.
Eliminar¡También te quiero y admiro mucho, Marina! Que siempre estés plena de ilusiones, dentro de lo que te está tocando vivir, amiga, y que Dios te siga bendiciendo CADA DÍA con el amor de los tuyos, aquí y allá. :)
Qué maravilla, mi querida Maite, un rayo me ha atravesado el cuerpo hacia el final de tu relato, ahí cuando la niñita muda y su colgante... qué increíble... te diré que no sé como he llegado aquí hoy -¡y lo que me alegro!- ya que tu blog no me sale en el reader y tampoco consigo que me salga en el apartado de blogs amigos de mi blog... y no se me ocurrió hasta hoy pinchar en tu preciosa foto de de perfil...
ResponderEliminarPura Magia tu cuento de cuento, mi querida Volarela, eres única y volveré que aún me quedó el efecto del rayo campanizado en todo el cuerpo... y no sé qué decir: sí, ya sé, que yo también soy la niñita con el colgante.
Besos mil
Pues, querida Milena, me estremeces tú a mí con tu impresión del rayo, es lo más emocionante que podía leer acerca de algún cuento mío; ¡sencillamente mágico, nutritivo, estimulante!
EliminarTe agradezco infinito tu comentario, tu opinión tan sincera, tu visión única y auténtica...
Sí, es cierto, el blog no se actualiza, algo debí hacer mal al crearlo que nunca sale. Pero bueno, cuando publique procuraré colocar su enlace en mi perfil para que puedas acceder a él. Lo siento. Y te agradezco de veras que te molestaras en leer este cuento tan largo.
Tú sí que eres pura magia y única, como esa pequeñina de las campanas, que por supuesto, eras tú con esa intuición y sabiduría que guardas y que no necesita ostentaciones: es tal cúal.
Maravillada por tus palabras y tu calidez, preciosa Milena.
¡Un beso, no, mil con mis mejores deseos para tu nuevo año y que sigamos cruzándonos, pues aunque breves, nuestros encuentros son de primera!
¡Volarela! ¡¡¡¡¡¡ Felices Pascuas Navideñas y Un Fenomenal y Fausto y Alicantino por Antonomasia Año de Dios Nuestro Señor de MMXXVI, en el que sigas escribiendo textos tan buenos como éste!!!!!!
ResponderEliminarRecibe Mis Consideraciones Más Distinguidas porque es mi época favorita del año!!!!!! 💒 🍀 😇
By the way! Te eché de menos en esta convocatoria del Tintero ! Post Scriptum : Larga Vida para Ti y Los Tuyos!!!!! 🧸
EliminarGracias! Larga vida y plena igualmente!
Eliminar¡Hola Maite! Que cuento tan entrañable y tan bonito. Has hilado una historia increíble contada a través de las campanas del pueblo y su campanero. Muy bien llevada también la curiosidad de los niños y las preguntas espontaneas e inocentes que sueltan cuando no comprenden algo del cuento. Creo que es algo que sucede realmente cuando se está contando un cuento ante muchos niños. A veces se hace el silencio y no dicen ni mu pero otras veces su curiosidad siempre hace que alguno o alguna diga en voz alta sus propios comentarios sobre el cuento o suelten alguna pregunta.
ResponderEliminarMe ha gustado mucho esa sencillez con la que narras y como cierras el final de la historia con esas campanitas de bronce que lleva la niña en el collar, dejándonos algunas preguntas sobre su procedencia.
Un saludo y feliz entrada de año.
¡Hola, Rocío!
EliminarMuchas gracias por tus palabras, me alegra que te haya gustado, que sientas esa sencillez y el redondeo con el misterio de la pequeña. Gracias por un comentario tan sincero, tan desde adentro.
Y se nota que conoces bien a los niños; ellos son así, espontáneos, y no les gusta quedarse con dudas, jaja. Si realmente hubiera sucedido, al final de la historia me estarían acribillando a porqués :)
Un abrazo, compañera y que tu nuevo año sea fenomenal!
La llegada inesperada —esa posada que resulta ser un palacio, el mayordomo ciego pero de rostro iluminado, los ocho niños cordiales junto a la chimenea— crea de inmediato una atmósfera de refugio acogedor y misterioso. El intercambio clásico (alojamiento a cambio de un cuento) se siente aquí especialmente tierno, porque el público son niños expectantes, y la narradora, aún insegura, encuentra en ellos la inspiración necesaria. El cuento dentro del cuento es una joya por sí sola: esas cuatro campanas hermanas que ven, sienten y absorben la vida del pueblo, y que transmiten al viejo campanero todos los secretos, alegrías y dolores de sus vecinos. La imagen del campanero sordo y mudo al mundo, pero lleno de un conocimiento profundo que lo convierte en una presencia paternal y amada, es de una belleza conmovedora. Y el final, con las campanas fundidas que regresan cada año en noches de lluvia azul para bailar y recitar historias, reconfortando a todo el pueblo en sueños, tiene una poesía melancólica y esperanzadora que se queda grabada. El remate maestro llega con la niñita muda —esa que acaricia la mano de la cuentista y lleva cuatro campanitas de bronce en el cuello—. Su aroma a tierra mojada y pétalos, el fuego que baila al sonar las campanitas… Todo apunta, sin decirlo explícitamente, a que ella es el eco vivo de aquellas campanas, o quizá la guardiana de su magia. Es un cierre sutil, emotivo y perfecto que deja al lector con el corazón calentito. La salida al día siguiente, con esa decisión de no hacer preguntas para no romper la burbuja de fantasía, redondea la experiencia: la mansión, los niños, el mayordomo, el cielo azul reflejado… todo permanece intacto, como un sueño que merece seguir siéndolo. Un relato que combina maravilla, ternura y un toque de nostalgia con una delicadeza extraordinaria. De esos que uno termina con ganas de creer que, en algún lugar, esas campanas siguen sonando en noches de lluvia.
ResponderEliminarSaludos cordiales y Feliz Año.
¡Hola, Marina! Tú sí que eres un manantial de poesía -y de cariño- :)
ResponderEliminarMe encanta lo que dices de las campanas de tu infancia... Qué recuerdos tan entrañables... Afortunadamente, aunque todo haya cambiado, la literatura está llena de momentos así, y en la lectura podemos viajar al pasado (es un refugio, de momento, inalterable)...., y por supuesto, tenemos nuestra mente como cofre mágico, donde disfrutar de lo vivido, de lo amado...
¡Te mando un fuertísimo abrazo, bellísima alma!