El tigre. William Blake.

Ilustración que acompaña al poema en su versión original.




EL TIGRE

Tigre, tigre, ardiente incendio
en los bosques de la noche,
¿qué ojo o mano inmortal
pudo idear tu terrible simetría?
¿En qué distantes abismos o cielos
ardió el fuego de tus ojos?
¿Con qué alas osó elevarse?
¿Qué mano osó tomar ese fuego?
¿Y qué hombro y qué arte
pudo tejer la nervadura de tu corazón?
Y cuando tu corazón comenzó a latir,
¿qué mano terrible? ¿Qué terribles pies?
¿Qué martillo? ¿Qué cadena?
¿En qué horno se templó tu cerebro?
¿En qué yunque? ¿Qué terrible poder
osó ceñir sus mortales terrores?
Cuando las estrellas arrojaron sus lanzas
y mojaron el cielo con sus lágrimas,
¿sonrió al contemplar su obra?
¿El que hizo al cordero te hizo a ti?
Tigre, tigre, ardiente incendio
en los bosques de la noche,
¿qué ojo o mano inmortal
osó idear tu terrible simetría?

Pongo también la versión original en la que se aprecia el ritmo formidable del poema:

TIGER, tiger, burning bright
In the forests of the night,
What immortal hand or eye
Could frame thy fearful symmetry?

In what distant deeps or skies
Burnt the fire of thine eyes?
On what wings dare he aspire?
What the hand dare seize the fire?

And what shoulder and what art
Could twist the sinews of thy heart?
And when thy heart began to beat,
What dread hand and what dread feet?

What the hammer? what the chain?
In what furnace was thy brain?
What the anvil? What dread grasp
Dare its deadly terrors clasp?

When the stars threw down their spears,
And water'd heaven with their tears,
Did He smile His work to see?
Did He who made the lamb make thee?

Tiger, tiger, burning bright
In the forests of the night,
What immortal hand or eye
Dare frame thy fearful symmetry?

(De "Canciones de Experiencia")






Aconsejo leer este artículo de Esteban Ierardo, muy bueno, en el que se describe la visión poética de Borges y Blake junto al simbolismo de este fabuloso animal:
: Temakel. Mito, arte y pensamiento: http://www.temakel.com/simbolotigre.htm


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Sobre Blake:
Londres, (1757 - 1827) Pintor, grabador y poeta británico, una de las figuras más singulares y dotadas del arte y la literatura inglesa. Fue para algunos un místico iluminado, un religioso atrapado en su propio mundo, y para otros un pobre loco que sobrevivía gracias a los pocos amigos que, como Thomas Butts, creían en su arte y le compraban algunos grabados. La posteridad, sin embargo, ha considerado a William Blake como un visionario.


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Timbres



TIMBRES

Las vibraciones…
Dirás que estoy perdidamente loca; pero te juro que me dan muchísimo miedo. Pánico. Cualquier sonido que vibre largo rato con un tono metálico me saca de aquí. Y tengo que huir con patas de gacela aterrorizada, antes de que suceda algo en mí... Es una verdadera pesadilla vivir con esto. Tú no lo entiendes, y creo que nadie...
Te contaré mi última vivencia. Nunca lo he pasado tan mal; de veras te digo que probé un verdadero plato de angustia que me hizo sacar por la boca el horror de varias generaciones:
Estaba flotando plácidamente mecida por las olas, sobre mi colchoneta de pececitos rojos. Mi piel recibía los ecos del mar como un arrullo materno adormecedor. Imagino que los bebés que se duermen mamando deben experimentar la misma complacencia que yo sobre aquellas olitas de algodón. De la lejanía vino una música de notas rápidas y desagradables. Era similar a los golpes metálicos de los mástiles, pero formaba una melodía repetitiva. Parecían tener vida como pequeños gritos agudos y espeluznantes. Sé que no puedo explicarte bien aquella sensación auditiva… Lo único claro de aquello fue mi intuición de algo nefasto. Me alcé un poco y comprobé que venía de un barco gigantesco de velas negras, similar a una antigua carabela. Pero estaba muy lejano, sobre el horizonte. De él salía humo, como si la base de las velas se estuviera incendiando. Había sobre todo aquello algo muy amenazante, horrible; la impresión que tuve, (insisto, absolutamente irracional pero muy nítida) era que en aquel buque se estaban quemando cosas horribles, desconocidas para el ser humano. Me puse tan nerviosa que caí de mi colchoneta. Cuando quise volver a subir, ya no podía; era imposible. Notaba las piernas agarrotadas y dormidas, y era incapaz de moverlas. Además pesaban muchísimo. Finalmente lo conseguí, pero vi que aquello no eran mis piernas, ¡era una cola de pez! Comprendí que el horror volvía de nuevo a mi vida. Bajo mis axilas había dos pequeñas aletas traslúcidas, sin forma acabada, y una espina alargada salía de mi boca, impidiendo a mi lengua pronunciar un solo sonido. Estaba sola en el mar, y me había alejado mucho de la costa. Mis ojos empezaron a bloquearse y mi visión se dividió en dos frentes opuestos. Estaba claro que era un pez; un pez muy grande, incapaz de hablar, ni chillar, ni volver a mi realidad. Quise nadar hacia la orilla con todas mis fuerzas, pero ésta no llegaba. A cambio me envolvía un barro espeso, y todo el horizonte era una ciénaga sin fin. Bajo mi cuerpo, sentía los filamentos de algas negras, como fúnebres lamentos. Mi propia desesperación iba mutando las cosas; el paisaje cambiaba sin cesar, tomando las formas de mi agonía: ora un pantano; ora un desierto o el fondo de la tierra pleno de raíces enredándose en mi cuerpo. Yo sabía que debía controlar todo aquella, calmarme... De pronto la enorme sombra de un águila gigantesca cruzaba la superficie. Podía escuchar voces humanas desde ella. Gritaban mi nombre: Penélope.
Alguien allá arriba, seguramente mi amiga que sabía que no estaba loca y que compartía el secreto de mi extraña enfermedad, comenzó a tocar una flauta. Yo seguía contemplando mi cuerpo de sirena; pero poco a poco comencé a sentirme ligera, con piernas de verdad; y mis ojos comenzaban a ver el cielo azul y el agua transparente; volvía a estar sobre mi colchoneta de inocentes pececillos pintados. Más allá de mí un velero blanco surcaba las aguas, parsimonioso, posiblemente el causante del sonido que me sacó de la realidad. 
Miré a mi salvadora; aún tocaba la flauta para mí, ansiosamente; los contemplé a todos con ojos de resucitada… y lancé un grito de alegría que asustó a las gaviotas que volaban muy curiosas por allí.

Ahora ya sabes que el sonido puede condenarme, pero también puede salvarme. Todo depende del timbre, dulce o metálico. Y si me quieres de verdad, lleva una flauta siempre que estés conmigo. 

La felicidad (una reflexión)



La felicidad continua no está hecha para nosotros los humanos. A veces, tenemos atisbos de algo que nos supera, y de golpe da sentido a nuestra vida. Son momentos, instantes que luego se diluyen en el correr de esta losa diaria que empujamos al vivir. Pero esos momentos son promesas de algo que quizá lleguemos a hacer nuestro y convertirlo en presente. Con arte, con dedicación, con esfuerzo, con sabiduría, quizá alcancemos ese vivir pleno y total llamado felicidad. 

Uno de aquellos momentos felices que recuerdo vino repentinamente. 
Caminaba sola por la playa. Mis pensamientos, más creativos de lo normal, fueron derivando en una mera contemplación de lo que había a mí alrededor:
El mar muy azul, la arena suave, las personas tumbadas al sol o bañándose despreocupadas; el aire agradable rozando mi piel y la luz intensa penetrándolo todo. De pronto, sentí una dicha inexplicable. Todo era perfecto. Me sentía fusionada a la vida. Veía las cosas y los seres radiantes, bellísimos, con más relieve del normal. La luz los moldeaba exquisitamente: la nitidez y hermosura de lo que me rodeaba me sobrecogía. Al contemplar el mar sentí que me amaba, de un modo que no puedo describir. Distinto, íntimo, directo. Saltaron algunas lágrimas mías. No vivía, pues aquello era más que vivir. Era sentir de verdad lo que significa estar viva, aquí, en esta Tierra, y fusionarse con lo que te rodea, que es prístino y hermoso igual que tú. Sentía deseos de abrazarlo todo. Era feliz, libre, brillante como el sol. Fue algo tan maravilloso y desbordado que mi cuerpo y mi mente no lo podían sostener.
Se fue diluyendo aquella sensación, y seguí caminando, pero llena de paz y alegría por la experiencia. Un regalo. Un presente para recordar que hay algo más, y que habitualmente sólo vemos (por decirlo metafóricamente) la mota de polvo en la uña de un pie gigantesco, cuyo cuerpo y dueño no podemos ni imaginar... La realidad es inmensa y en ella caben todas las posibilidades. Acabamos de empezar a leer este largo cuento. Pero lo hermoso es que el cuento lo creamos nosotros. 




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Texto y foto coloreada de la playa de Altea:  Maite Sánchez Romero (Volarela)


Tus labios, Dios...



TUS LABIOS


Dios, yo no sé cómo serán tus labios,
pero los siento abrirse en el viento
que mece los pinos;
los siento cerrarse en la nieve
que muere a mis pies.

Tus labios atraviesan la paz de la galaxia
como el vibrante rojo de un pétalo que sueña.

Tus labios como niebla derramada
sobre la hierba dormida...
Tus labios en la boca anciana
que habla con el fuego…

Tus labios piando con el mirlo
mojado por la lluvia...

Tus labios en mis labios
ayudándome a besar
las espinas de las rosas.


***



(Del libro "Estas flores son para ti")

Foto y poema: Volarela (Maite Sánchez Romero)

Rayo de luna




"La ira de la luna es fría;
cuando llega al agua se transforma en plata."


 No era fácil encontrarle. Durante años perdí la pista a mi amigo; demasiado tiempo para poder conservar su amistad. Por eso mi sorpresa fue grande cuando lo vi, de espaldas a un escaparate de armas de colección. Era indudablemente él: su porte fuerte, su melena espesa y desordenada, su espalda estirada de secuoya, su apostura autoritaria e imponente, su estabilidad de volcán en reposo... Todo ello sólo podía pertenecerle a él.

 Como si intuyera mi presencia, se giró. Una sonrisa franca como un rayo de sol ocupó aquel rostro duro, curtido en una tempestad interior e infranqueable que pocos conocían, y yo, por supuesto, no fui una de los privilegiados que pudieron romper su muralla. Pero siempre conté con su simpatía, extraña por otro lado, pues nos sentíamos atraídos el uno por el otro sin saber por qué. Había algo terrible y hermoso en sus ojos, como un rayo de ira que por momentos se deshiciera en la más suave dulzura de agua para enseguida tomar de nuevo reflejos de espada. Su nobleza y fuerza me atraían, creo que con la misma intensidad que a él le atraía mi fragilidad y mi voz emplumada y aérea.

 Nos dimos un fuerte y casi sonoro abrazo, e inmediatamente continuamos la conversación que años atrás quedó suspendida en nuestros labios. Recuerdo que rondaba en torno a la justicia y el perdón. Él defendía que la justicia era lo más importante, porque sin ella, todo perdón era el fruto de la injusticia, y por tanto, ese perdón era infame y no tenía valor. Yo discutía con él la necesidad previa del perdón para luego aplicar la justicia. Y en estos dilemas estábamos cuando todo el edificio se derrumbó. Él quedó muy herido y desapareció entre escombros, polvo, lágrimas y personal sanitario. Desde entonces, perdí sus huellas y continué mi vida y mi rutina habitual. Pero había un leve vacío en ella. Este amigo se había llevado con él su fuerza, quizá la dureza que yo no tenía y que en algunos momentos necesitaba, como el río necesita las piedras sobre las que deslizarse. Empecé a añorar su inflexibilidad, esa misma contra la que yo luchaba y discutía; también su mirada de montaña al atardecer, sus cuello erguido de cielo que jamás se desploma...
 Juntos, ese día casual de nuestro encuentro, nos sentimos envueltos por un fino y cálido aire de armonía. Se respiraba entre nosotros, y hasta poseía un aroma a vainilla muy dulce que atribuimos al perfumé de aquel café, pero que sin duda era debido a la bella resonancia de nuestras almas.

 Me explicó que en esos años de ausencia había presenciado la crueldad humana en su estado más puro. Participó como espía en Irán, pero fue secuestrado y torturado. No quiso entrar en detalles. Sólo me comunicó que sufrió aún más que cuando fue niño y su abuela lo maltrató. En ese momento, un vacío de nieves negras se desplazó hacia nosotros. Estaba sorprendida y muy afectada:
Había revelado su mayor secreto. Por fin pude comprender la dureza de sus pupilas y el intento de su ser por romper una barrera de odio, que a ramalazos brillaba con la llama de un infierno.

 Me compadecí tanto que no pude disimular mis lágrimas. Él miró hacia la ventana, tratando de poner su mente en otra cosa, con una sonrisa de labios extensos y firmes. Me pareció una hoja rota de otoño, que bajo el agua aún refleja su furiosa belleza. En ese instante, contempló un niño en la calle, que, entre los coches apresurados, vendía pañuelos. Me miró. Y aquella mirada parecía estar colmada de luz de luna en la noche más oscura. Me dijo que tenía que dejarme y que seguramente el destino nos volvería a unir. Entonces, rápidamente, buscó al niño de los pañuelos y le vi alejarse, con la desconcertada criatura.
Sabía que de nuevo, su fuerza había huido de mí...
A cambio, un niño embadurnado de tristeza encontraba un verdadero amigo.


***

Benidorm. Azul y ocaso.



    Benidorm nocturno. Foto tomada de la Red


EMBEBIDOS DE AZUL


Atardece:
y se posan tímidas las primeras luces sobre el mar; la ciudad canta su brillo de escarabajo.
Hojas de palmera sobre nuestras cabezas, abanicos de la paz. 

Nada una nostalgia con cuerpo de sirena: (polvo de luz enamorada)

Tú y yo  inhalamos la flor tibia del silencio, tensa y roja... Nos tocamos con la suave timidez de lo nuevo.
Sobre el mar restalla el jadeo cromado de la luna...

Un faro  quiebra el ojo tibio de la noche:
nos alumbra como un dios.


Mañana, 
la frente del mar la acariciarán las gaviotas.
Mañana estaremos completos
Y alegres.
Y embriagados.
Y embebidos de este azul
recolectaremos conchas de luz,
espirales sin fondo
de la orilla de la vida.




Foto: Google Imágenes


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Para completar la entrada, añado esta foto y este poema precioso de Narci Ventanas, donde se respira la trascendencia de un ocaso vivido en Benidorm (Alicante). 
Muchas gracias, Narci, por tu poema, "una aureola de luna" 



CUANDO HABLA EL OCASO. Narci M. Ventanas



La tarde dibuja mariposas
entre las esquinas del sueño y la memoria.
Los últimos rayos
se derraman bajo las nubes
masticando el ocaso
y un ápice de vida
asoma sus ojos
en el horizonte del olvido.
Es entonces,
cuando,
dilatada la pupila
y mordiendo labios,
te me acercas,
Viento,
azotando la bruma
y despejas el camino
para que la sangre fluya
hasta encender la piel
bombeando esencias,
exhalando perfumes,
extendiendo alas...
y describes aureolas de Luna
en las palabras.


Narci Ventanas: A verso abierto:  http://aversoabierto.blogspot.com.es/


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Hayley Westenra - Across the Universe of Time