Una lágrima de sangre

UNA LÁGRIMA DE SANGRE


Cuando se ponen las sombras sobre la ciudad
una mujer de negros ojos, de blancas manos,
de vestido azul profundo...
cruza las calles mojadas de llanto.
De su bolsillo saca flores
brillantes como cien lunas
y a través de las ventanas
en la tierna frente de los niños las coloca.
Los perros vagabundos la están siguiendo,
aúllan aterciopeladamente,
ella no vive aquí, ni tiene huesos ni descanso,
su morada es el Arco Iris
y trabaja con las hebras del sol
cosiendo heridas, tejiendo grillos a la noche,
meciendo los rezos en sus brazos de lluvia.

La mujer, de blanco paso, de negro pelo,
de vestido libre como el vuelo de las gaviotas...
penetra en tu sueño y te coge la mano
para que saltes con ella ese abismo que te aterra...
para que despiertes con un deseo vivaz enredado en el pelo
y cantos de golondrinas en las manos...

Pero hoy, la ciega noche la está llamando
y la mujer de blancos brazos no acude;
una lágrima de sangre le gotea por la manga.
La manzana dorada de sus labios está herida,

y las raíces de su corazón se anudan entre sí
porque los seres humanos están cerrando los ojos,
caminan, aman, se abrazan, lloran dormidos...
pero ya no creen en nada
y sólo sueñan en blanco.


Maite Sánchez (Volarela)

Latidos hacia la luz. Video en Time Lapse.

Los pasos, las búsquedas, los tanteos, los abrazos, los nacimientos, los despertares, los estremecimientos: el ritmo invisible de las plantas. Su silencioso latido foto a foto, unidos para que podamos entrar en su secreto.

Recuerdos líquidos





No sabía quién era; qué hacía allí; dónde estaba. Apenas podía moverse, y sus escasos movimientos eran lentos y pesados. El agua le inundaba por completo, y a través de ella percibía una confusa luz rojiza, rodeándole. 
Su sueño era interrumpido, una y otra vez, por un ritmo de fuelles. Y un reloj. Un reloj que sonaba denso y grave, potente, parecía ir contando el tiempo que le quedaba:
uno, dos, tres, cuatro... Ritmo insistente y tenaz, penetrando y recorriendo su piel, su mente.
A ratos, experimentaba mucho calor, hasta que le vencía un grato sopor. Entonces notaba algo similar a una mano de luz, acariciando su cabeza. Escuchaba voces. Voces ininteligibles en lenguas extrañas, de otros mundos aún sin imaginar. Cuando callaban, notaba un arrastrarse de sillas, un bullir de cañerías; cristales chocando, estridentes bocinas  y hasta pájaros; pero todo ello le llegaba lejano, confuso, como un sueño. En ocasiones, risas locas viajaban hacia él, y también  llantos, lágrimas calladas. 
Aquel vacío triste que sentía al terminar los sonidos ¿era la soledad? Y aquella sombra que presentía acercarse a través del agua que le rodeaba, ¿era el miedo? ¿Era placer la suave sensación del líquido caliente que acariciaba su piel?
Un día encontró las respuestas a todas sus preguntas. Ese día, una masa informe y pesada empezó a aplastarle. Oprimía cada uno de sus miembros. Experimentó asfixia, y luego un terror galopante. Se vio impulsado por una violenta erupción que le empujaba, quemante, dolorosa, lacerante.  Su propio desgarro se fundía con agudos gemidos de muerte que desde afuera estremecían las paredes de su prisión. Parecía el final, la destrucción.  A nada podía aferrarse y resbalaba, resbalaba por un angosto túnel hacia un abismo desconocido.
Inesperadamente, cesó el dolor. Se hizo el silencio, y cayó blandamente sobre unas manos. Respiró por primera vez el aire, entre luces blancas. Y unos brazos enormes acallaron lo que reconoció como su propio llanto. Su pecho se posó sobre otro mayor, cálido, como en una suave almohada de vida. Y recibió, entre asombrado y anonadado,  la bienvenida del amor. 

Polop y Gabriel Miró (Alicante)



POLOP DE LA MARINA Y GABRIEL MIRÓ

Hace muy poco estuve de nuevo en Polop de la Marina. Es un pueblecito precioso, situado en lo alto de una colina. Está muy cerca de Benidorm, pero en la zona interior de la comarca, rodeado de montañas. Siempre me ha gustado. Es bucólico, encantador, como de juguete; pero un juguete... de ángeles.





Tiene una torre campanario que mira con asombro a todo el valle, y un calvario que termina en un cementerio, ya en desuso, situado en lo que fue un antiguo castillo. Ahora sólo quedan algunos vestigios de las murallas y restos de este camposanto. 





Allí percibes un ambiente que invita al recogimiento, completamente apacible, desde el que se contempla el monte Ponoig (el “León dormido” de Gabriel Miró) como un verdadero rey espiritual cuidando de sus dominios. 


                           A la izquierda, en diálogo con la rama de pino, el monte "Ponoig", ponunciado "Ponoch", que tiene la forma de un león sentado sobre sus cuatro patas y en vigilancia.


Todo este paisaje, tan amado para mí, me llena de lilas, de emociones calladas, de algo indefinible que se me cuela en el alma y me hace temblar de ternura. 







                                                                         El soberbio monte Ponoig al fondo


Sentí mucha emoción al pasear por sus calles, algunas con delicadas casas Art Decó abriendo sus luminosos ojos con cortinas al paseante... 







y otras  introvertidas y recias, pero de interior cálido, como las gentes del campo. 









Pero la casa que me lanzó de lleno a otro universo fue la de Gabriel Miró. Quizá por lo mucho que lo admiro, quizá porque su ángel, guardián de las letras, aún revolotea por allí...





Este escritor describe como nadie las tierras, gentes y naturaleza de la Marina Baixa (así se llama esta comarca). Su casa es ahora museo, y entrar en ella me llenó de delicia. Estaba muy bien restaurada, con muebles bellos, encerados, cuidados; paredes y techos pintados, y suelos de baldosas muy originales, al estilo de principios del siglo XX. 




Me quedé encandilada; sentí poesía en la luz, belleza en cada detalle de aquel hogar, intimidad reposada en los objetos. Parecía que aún estaba allí el poeta, mirando por la ventana las montañas; escribiendo con su pluma, maravillosa como un cálido viento de levante, las sensaciones del olor a monte, el nido de un águila o el estallido del agua fresca en las manos. Me emocioné. Era mi amor al paisaje, y mi amor al escritor de este paisaje, lo que retemblaba en mí. 






También me estremecía la vida que sentía en aquellas estancias. Sí, vida. Porque algo mantenía el alma de aquella casa, como si el tiempo se hubiera detenido en ella. Y podías imaginar al escritor y su familia riendo o compartiendo una velada; o escribiendo... o colocando un libro en un estante mientras la lluvia golpea los cristales ...









La luz, el silencio, la claridad, la discreta elegancia...; la armonía y el amor a los detalles... Todo me sumía en una plácida y sugestiva ola de belleza.












 

 Sonaba una delicadísima música de piano. Era el empuje sobrehumano que yo necesitaba para transportarme al corazón de una rosa nunca marchita, fresca y sosegada: las palabras de mi admirado Gabriel Miró. Su alma recreándose y recreándonos en la belleza peculiar y profunda de los seres y el paisaje. 

"Un manso ruido de aire que aletea entre las mieses ya granadas. Una respiración del verano, de árboles tiernos que están junto a las aguas vivas. 
Sigüenza dejó que su jumento paciese el verde de una acequia, y él se recostó en el tronco de un algarrobo.
Pasó un labriego con su azada de sol, y, mirando al forastero, le dijo:
-¡A la sombra, a la sombra!- Y en la boca seca de ese hombre, enjuto y acortezado, la palabra sombra tuvo una frescura nueva, como si acabase de crearla."

Fragmento de "Años y leguas"

 “Años y leguas”, considerada una de sus mejores obras, es un libro maravilloso para disfrutar la palabra perfecta, pulida y llena de resonancias; la palabra que pesa como una uva al máximo de su esplendor. Es el libro del paisaje mediterráneo, de Polop y toda la comarca. El pueblo entero le honra ahora colocando fotos y frases suyas en el viejo cementerio, llamado por él “Huerto de cruces”. Y antiguamente, le regaló la bella hornacina con un Cristo que puede verse en la foto superior. 





Salí de aquella casa encantada y con los ojos un poco mironianos... 
Y al poner los pies en la calle, respiré un aire añejo de vida rural. Olí el humo de las chimeneas, sobrio y evocador, como esas cosas sencillas que se nos agarran al alma:  las voces de los niños en la calle, la campana de bronce llamando a la oración, la cal desconchada, las flores en la puerta, los ladridos de los perros... 





Al subir la cuesta del “Vía Crucis” noté un silencio especial. Había allí una anciana que subía muy despacio, concentradamente, casi meditativamente. Me hacía pensar en la densa espiritualidad de los cipreses, que estando quietos parece que ascienden.






Miraba las imágenes colocadas a lo largo del trayecto, recordando los momentos más duros de la vida de Jesús, y mi paso se hacía más lento, más respetuoso, más agradecido por estar allí junto a un cielo tan azul y limpio que parecía que miraras directamente a la libertad. El Ponoig, monte soberbio y dueño real de estos parajes, se mostraba siempre en paternal reposo, como un león que dormita y deja que sus cachorrillos se le suban encima. 

Todo este recorrido por el paisaje, el pueblo, el alma y el arte de Polop lo resumiría en una sóla palabra: comunión. Comprendo aquel enamoramiento del escritor poeta. En un lugar tan dulce es fácil abrazarse a la paz.




Fotos y texto: Maite Sánchez Romero (Volarela)

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Joya entre joyas: Libro iluminado " El salterio de Copenhague". S. XII


Este es uno de los libros más hermosos que podremos contemplar en nuestra historia del arte: arte del libro, arte de la ilustración, y arte de la caligrafía. 
Os dejo esta espectacular entrada de Cesar Ojeda para que os solacéis en la grandeza de las pequeñas cosas hechas con amor. 

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EL SALTERIO DE COPENHAGUE


Los Salterios o Libros de Salmos forman parte del Antiguo Testamento y se incluyen entre los Libros Sapienciales. En general se considera que son 150 salmos divididos en varias categorías: suplicas, de acción de gracias, didácticos..etc. Forman parte de la liturgia eclesiástica. Encuentran información detallada al respecto en:

http://es.wikipedia.org/wiki/Salmos


Este Salterio ricamente decorado es una obra maestra del siglo XII europeo. El libro contiene un calendario y una oración además de un número considerable de iniciales ornamentadas y un conjunto de páginas con iluminaciones de la vida de Cristo, incluyendo su nacimiento, crucifixión y resurrección. El manuscrito se ha conservado en Dinamarca y puede haber sido creado por un miembro de la familia real danesa. En pergamino, fechado entre 1175 y 1200.

Algunas imágenes de ejemplo:


Para ver el título de la lámina pase el cursor sobre ella, para ampliar pulse.



8 recto- La anunciacion

15 verso - Cristo en Majestad con los simbolos de los evangelistas

15 recto -El angel y las mujeres en el sepulcro

14 recto -Judas traiciona a Cristo

13 recto -El bautismo de Cristo

12 r- El viaje a Egipto

10 recto -Los magos ante el trono de herodes

9 recto - La anunciacion a los pastores

17 recto- Inicial ornamentada del salmo primero


Pueden acceder a 32 ilustraciones del libro en la Det Kongelike BiblioteK



Poeta de la luz: Alvar Astulez














En estas imágenes de Alvar Astulez, los colores vibran puros, como recién creados del mundo onírico. Su paisaje es poesía: poesía de la quietud. Lirismo penetrando en nuestras retinas y acariciándonos el alma con voz degradada, neblinosa y sutil. Voz que va tiñendo suavemente un sentimiento de oro.

Los paisajes parecen a punto de desvanecerse, como palabras mágicas pronunciadas en la lejanía. Los colores reverberan en nuestra alma con el murmullo quedo de lo imperecedero.

Este arte es pura belleza abierta a la contemplación. Las formas, exquisitamente trabajadas bajo la varita de la luz, componen un mundo hermoso y sereno. Árboles, cielos, caballos, prados... desfilan como protagonizando un encuentro divino con la armonía de la tierra.

Equilibrio, perfección, emoción...:
Caricias para el alma.


Todas las imágenes pertenecen a Alvar Astulez: