Polop y Gabriel Miró (Alicante)



POLOP DE LA MARINA Y GABRIEL MIRÓ

Hace muy poco estuve de nuevo en Polop de la Marina. Es un pueblecito precioso, situado en lo alto de una colina. Está muy cerca de Benidorm, pero en la zona interior de la comarca, rodeado de montañas. Siempre me ha gustado. Es bucólico, encantador, como de juguete; pero un juguete... de ángeles.





Tiene una torre campanario que mira con asombro a todo el valle, y un calvario que termina en un cementerio, ya en desuso, situado en lo que fue un antiguo castillo. Ahora sólo quedan algunos vestigios de las murallas y restos de este camposanto. 





Allí percibes un ambiente que invita al recogimiento, completamente apacible, desde el que se contempla el monte Ponoig (el “León dormido” de Gabriel Miró) como un verdadero rey espiritual cuidando de sus dominios. 


                           A la izquierda, en diálogo con la rama de pino, el monte "Ponoig", ponunciado "Ponoch", que tiene la forma de un león sentado sobre sus cuatro patas y en vigilancia.


Todo este paisaje, tan amado para mí, me llena de lilas, de emociones calladas, de algo indefinible que se me cuela en el alma y me hace temblar de ternura. 







                                                                         El soberbio monte Ponoig al fondo


Sentí mucha emoción al pasear por sus calles, algunas con delicadas casas Art Decó abriendo sus luminosos ojos con cortinas al paseante... 







y otras  introvertidas y recias, pero de interior cálido, como las gentes del campo. 









Pero la casa que me lanzó de lleno a otro universo fue la de Gabriel Miró. Quizá por lo mucho que lo admiro, quizá porque su ángel, guardián de las letras, aún revolotea por allí...





Este escritor describe como nadie las tierras, gentes y naturaleza de la Marina Baixa (así se llama esta comarca). Su casa es ahora museo, y entrar en ella me llenó de delicia. Estaba muy bien restaurada, con muebles bellos, encerados, cuidados; paredes y techos pintados, y suelos de baldosas muy originales, al estilo de principios del siglo XX. 




Me quedé encandilada; sentí poesía en la luz, belleza en cada detalle de aquel hogar, intimidad reposada en los objetos. Parecía que aún estaba allí el poeta, mirando por la ventana las montañas; escribiendo con su pluma, maravillosa como un cálido viento de levante, las sensaciones del olor a monte, el nido de un águila o el estallido del agua fresca en las manos. Me emocioné. Era mi amor al paisaje, y mi amor al escritor de este paisaje, lo que retemblaba en mí. 






También me estremecía la vida que sentía en aquellas estancias. Sí, vida. Porque algo mantenía el alma de aquella casa, como si el tiempo se hubiera detenido en ella. Y podías imaginar al escritor y su familia riendo o compartiendo una velada; o escribiendo... o colocando un libro en un estante mientras la lluvia golpea los cristales ...









La luz, el silencio, la claridad, la discreta elegancia...; la armonía y el amor a los detalles... Todo me sumía en una plácida y sugestiva ola de belleza.












 

 Sonaba una delicadísima música de piano. Era el empuje sobrehumano que yo necesitaba para transportarme al corazón de una rosa nunca marchita, fresca y sosegada: las palabras de mi admirado Gabriel Miró. Su alma recreándose y recreándonos en la belleza peculiar y profunda de los seres y el paisaje. 

"Un manso ruido de aire que aletea entre las mieses ya granadas. Una respiración del verano, de árboles tiernos que están junto a las aguas vivas. 
Sigüenza dejó que su jumento paciese el verde de una acequia, y él se recostó en el tronco de un algarrobo.
Pasó un labriego con su azada de sol, y, mirando al forastero, le dijo:
-¡A la sombra, a la sombra!- Y en la boca seca de ese hombre, enjuto y acortezado, la palabra sombra tuvo una frescura nueva, como si acabase de crearla."

Fragmento de "Años y leguas"

 “Años y leguas”, considerada una de sus mejores obras, es un libro maravilloso para disfrutar la palabra perfecta, pulida y llena de resonancias; la palabra que pesa como una uva al máximo de su esplendor. Es el libro del paisaje mediterráneo, de Polop y toda la comarca. El pueblo entero le honra ahora colocando fotos y frases suyas en el viejo cementerio, llamado por él “Huerto de cruces”. Y antiguamente, le regaló la bella hornacina con un Cristo que puede verse en la foto superior. 





Salí de aquella casa encantada y con los ojos un poco mironianos... 
Y al poner los pies en la calle, respiré un aire añejo de vida rural. Olí el humo de las chimeneas, sobrio y evocador, como esas cosas sencillas que se nos agarran al alma:  las voces de los niños en la calle, la campana de bronce llamando a la oración, la cal desconchada, las flores en la puerta, los ladridos de los perros... 





Al subir la cuesta del “Vía Crucis” noté un silencio especial. Había allí una anciana que subía muy despacio, concentradamente, casi meditativamente. Me hacía pensar en la densa espiritualidad de los cipreses, que estando quietos parece que ascienden.






Miraba las imágenes colocadas a lo largo del trayecto, recordando los momentos más duros de la vida de Jesús, y mi paso se hacía más lento, más respetuoso, más agradecido por estar allí junto a un cielo tan azul y limpio que parecía que miraras directamente a la libertad. El Ponoig, monte soberbio y dueño real de estos parajes, se mostraba siempre en paternal reposo, como un león que dormita y deja que sus cachorrillos se le suban encima. 

Todo este recorrido por el paisaje, el pueblo, el alma y el arte de Polop lo resumiría en una sóla palabra: comunión. Comprendo aquel enamoramiento del escritor poeta. En un lugar tan dulce es fácil abrazarse a la paz.




Fotos y texto: Maite Sánchez Romero (Volarela)

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Joya entre joyas: Libro iluminado " El salterio de Copenhague". S. XII


Este es uno de los libros más hermosos que podremos contemplar en nuestra historia del arte: arte del libro, arte de la ilustración, y arte de la caligrafía. 
Os dejo esta espectacular entrada de Cesar Ojeda para que os solacéis en la grandeza de las pequeñas cosas hechas con amor. 

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EL SALTERIO DE COPENHAGUE


Los Salterios o Libros de Salmos forman parte del Antiguo Testamento y se incluyen entre los Libros Sapienciales. En general se considera que son 150 salmos divididos en varias categorías: suplicas, de acción de gracias, didácticos..etc. Forman parte de la liturgia eclesiástica. Encuentran información detallada al respecto en:

http://es.wikipedia.org/wiki/Salmos


Este Salterio ricamente decorado es una obra maestra del siglo XII europeo. El libro contiene un calendario y una oración además de un número considerable de iniciales ornamentadas y un conjunto de páginas con iluminaciones de la vida de Cristo, incluyendo su nacimiento, crucifixión y resurrección. El manuscrito se ha conservado en Dinamarca y puede haber sido creado por un miembro de la familia real danesa. En pergamino, fechado entre 1175 y 1200.

Algunas imágenes de ejemplo:


Para ver el título de la lámina pase el cursor sobre ella, para ampliar pulse.



8 recto- La anunciacion

15 verso - Cristo en Majestad con los simbolos de los evangelistas

15 recto -El angel y las mujeres en el sepulcro

14 recto -Judas traiciona a Cristo

13 recto -El bautismo de Cristo

12 r- El viaje a Egipto

10 recto -Los magos ante el trono de herodes

9 recto - La anunciacion a los pastores

17 recto- Inicial ornamentada del salmo primero


Pueden acceder a 32 ilustraciones del libro en la Det Kongelike BiblioteK



Poeta de la luz: Alvar Astulez














En estas imágenes de Alvar Astulez, los colores vibran puros, como recién creados del mundo onírico. Su paisaje es poesía: poesía de la quietud. Lirismo penetrando en nuestras retinas y acariciándonos el alma con voz degradada, neblinosa y sutil. Voz que va tiñendo suavemente un sentimiento de oro.

Los paisajes parecen a punto de desvanecerse, como palabras mágicas pronunciadas en la lejanía. Los colores reverberan en nuestra alma con el murmullo quedo de lo imperecedero.

Este arte es pura belleza abierta a la contemplación. Las formas, exquisitamente trabajadas bajo la varita de la luz, componen un mundo hermoso y sereno. Árboles, cielos, caballos, prados... desfilan como protagonizando un encuentro divino con la armonía de la tierra.

Equilibrio, perfección, emoción...:
Caricias para el alma.


Todas las imágenes pertenecen a Alvar Astulez:

El tigre. William Blake.

Ilustración que acompaña al poema en su versión original.




EL TIGRE

Tigre, tigre, ardiente incendio
en los bosques de la noche,
¿qué ojo o mano inmortal
pudo idear tu terrible simetría?
¿En qué distantes abismos o cielos
ardió el fuego de tus ojos?
¿Con qué alas osó elevarse?
¿Qué mano osó tomar ese fuego?
¿Y qué hombro y qué arte
pudo tejer la nervadura de tu corazón?
Y cuando tu corazón comenzó a latir,
¿qué mano terrible? ¿Qué terribles pies?
¿Qué martillo? ¿Qué cadena?
¿En qué horno se templó tu cerebro?
¿En qué yunque? ¿Qué terrible poder
osó ceñir sus mortales terrores?
Cuando las estrellas arrojaron sus lanzas
y mojaron el cielo con sus lágrimas,
¿sonrió al contemplar su obra?
¿El que hizo al cordero te hizo a ti?
Tigre, tigre, ardiente incendio
en los bosques de la noche,
¿qué ojo o mano inmortal
osó idear tu terrible simetría?

Pongo también la versión original en la que se aprecia el ritmo formidable del poema:

TIGER, tiger, burning bright
In the forests of the night,
What immortal hand or eye
Could frame thy fearful symmetry?

In what distant deeps or skies
Burnt the fire of thine eyes?
On what wings dare he aspire?
What the hand dare seize the fire?

And what shoulder and what art
Could twist the sinews of thy heart?
And when thy heart began to beat,
What dread hand and what dread feet?

What the hammer? what the chain?
In what furnace was thy brain?
What the anvil? What dread grasp
Dare its deadly terrors clasp?

When the stars threw down their spears,
And water'd heaven with their tears,
Did He smile His work to see?
Did He who made the lamb make thee?

Tiger, tiger, burning bright
In the forests of the night,
What immortal hand or eye
Dare frame thy fearful symmetry?

(De "Canciones de Experiencia")






Aconsejo leer este artículo de Esteban Ierardo, muy bueno, en el que se describe la visión poética de Borges y Blake junto al simbolismo de este fabuloso animal:
: Temakel. Mito, arte y pensamiento: http://www.temakel.com/simbolotigre.htm


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Sobre Blake:
Londres, (1757 - 1827) Pintor, grabador y poeta británico, una de las figuras más singulares y dotadas del arte y la literatura inglesa. Fue para algunos un místico iluminado, un religioso atrapado en su propio mundo, y para otros un pobre loco que sobrevivía gracias a los pocos amigos que, como Thomas Butts, creían en su arte y le compraban algunos grabados. La posteridad, sin embargo, ha considerado a William Blake como un visionario.


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Timbres



TIMBRES

Las vibraciones…
Dirás que estoy perdidamente loca; pero te juro que me dan muchísimo miedo. Pánico. Cualquier sonido que vibre largo rato con un tono metálico me saca de aquí. Y tengo que huir con patas de gacela aterrorizada, antes de que suceda algo en mí... Es una verdadera pesadilla vivir con esto. Tú no lo entiendes, y creo que nadie...
Te contaré mi última vivencia. Nunca lo he pasado tan mal; de veras te digo que probé un verdadero plato de angustia que me hizo sacar por la boca el horror de varias generaciones:
Estaba flotando plácidamente mecida por las olas, sobre mi colchoneta de pececitos rojos. Mi piel recibía los ecos del mar como un arrullo materno adormecedor. Imagino que los bebés que se duermen mamando deben experimentar la misma complacencia que yo sobre aquellas olitas de algodón. De la lejanía vino una música de notas rápidas y desagradables. Era similar a los golpes metálicos de los mástiles, pero formaba una melodía repetitiva. Parecían tener vida como pequeños gritos agudos y espeluznantes. Sé que no puedo explicarte bien aquella sensación auditiva… Lo único claro de aquello fue mi intuición de algo nefasto. Me alcé un poco y comprobé que venía de un barco gigantesco de velas negras, similar a una antigua carabela. Pero estaba muy lejano, sobre el horizonte. De él salía humo, como si la base de las velas se estuviera incendiando. Había sobre todo aquello algo muy amenazante, horrible; la impresión que tuve, (insisto, absolutamente irracional pero muy nítida) era que en aquel buque se estaban quemando cosas horribles, desconocidas para el ser humano. Me puse tan nerviosa que caí de mi colchoneta. Cuando quise volver a subir, ya no podía; era imposible. Notaba las piernas agarrotadas y dormidas, y era incapaz de moverlas. Además pesaban muchísimo. Finalmente lo conseguí, pero vi que aquello no eran mis piernas, ¡era una cola de pez! Comprendí que el horror volvía de nuevo a mi vida. Bajo mis axilas había dos pequeñas aletas traslúcidas, sin forma acabada, y una espina alargada salía de mi boca, impidiendo a mi lengua pronunciar un solo sonido. Estaba sola en el mar, y me había alejado mucho de la costa. Mis ojos empezaron a bloquearse y mi visión se dividió en dos frentes opuestos. Estaba claro que era un pez; un pez muy grande, incapaz de hablar, ni chillar, ni volver a mi realidad. Quise nadar hacia la orilla con todas mis fuerzas, pero ésta no llegaba. A cambio me envolvía un barro espeso, y todo el horizonte era una ciénaga sin fin. Bajo mi cuerpo, sentía los filamentos de algas negras, como fúnebres lamentos. Mi propia desesperación iba mutando las cosas; el paisaje cambiaba sin cesar, tomando las formas de mi agonía: ora un pantano; ora un desierto o el fondo de la tierra pleno de raíces enredándose en mi cuerpo. Yo sabía que debía controlar todo aquella, calmarme... De pronto la enorme sombra de un águila gigantesca cruzaba la superficie. Podía escuchar voces humanas desde ella. Gritaban mi nombre: Penélope.
Alguien allá arriba, seguramente mi amiga que sabía que no estaba loca y que compartía el secreto de mi extraña enfermedad, comenzó a tocar una flauta. Yo seguía contemplando mi cuerpo de sirena; pero poco a poco comencé a sentirme ligera, con piernas de verdad; y mis ojos comenzaban a ver el cielo azul y el agua transparente; volvía a estar sobre mi colchoneta de inocentes pececillos pintados. Más allá de mí un velero blanco surcaba las aguas, parsimonioso, posiblemente el causante del sonido que me sacó de la realidad. 
Miré a mi salvadora; aún tocaba la flauta para mí, ansiosamente; los contemplé a todos con ojos de resucitada… y lancé un grito de alegría que asustó a las gaviotas que volaban muy curiosas por allí.

Ahora ya sabes que el sonido puede condenarme, pero también puede salvarme. Todo depende del timbre, dulce o metálico. Y si me quieres de verdad, lleva una flauta siempre que estés conmigo. 

La felicidad (una reflexión)



La felicidad continua no está hecha para nosotros los humanos. A veces, tenemos atisbos de algo que nos supera, y de golpe da sentido a nuestra vida. Son momentos, instantes que luego se diluyen en el correr de esta losa diaria que empujamos al vivir. Pero esos momentos son promesas de algo que quizá lleguemos a hacer nuestro y convertirlo en presente. Con arte, con dedicación, con esfuerzo, con sabiduría, quizá alcancemos ese vivir pleno y total llamado felicidad. 

Uno de aquellos momentos felices que recuerdo vino repentinamente. 
Caminaba sola por la playa. Mis pensamientos, más creativos de lo normal, fueron derivando en una mera contemplación de lo que había a mí alrededor:
El mar muy azul, la arena suave, las personas tumbadas al sol o bañándose despreocupadas; el aire agradable rozando mi piel y la luz intensa penetrándolo todo. De pronto, sentí una dicha inexplicable. Todo era perfecto. Me sentía fusionada a la vida. Veía las cosas y los seres radiantes, bellísimos, con más relieve del normal. La luz los moldeaba exquisitamente: la nitidez y hermosura de lo que me rodeaba me sobrecogía. Al contemplar el mar sentí que me amaba, de un modo que no puedo describir. Distinto, íntimo, directo. Saltaron algunas lágrimas mías. No vivía, pues aquello era más que vivir. Era sentir de verdad lo que significa estar viva, aquí, en esta Tierra, y fusionarse con lo que te rodea, que es prístino y hermoso igual que tú. Sentía deseos de abrazarlo todo. Era feliz, libre, brillante como el sol. Fue algo tan maravilloso y desbordado que mi cuerpo y mi mente no lo podían sostener.
Se fue diluyendo aquella sensación, y seguí caminando, pero llena de paz y alegría por la experiencia. Un regalo. Un presente para recordar que hay algo más, y que habitualmente sólo vemos (por decirlo metafóricamente) la mota de polvo en la uña de un pie gigantesco, cuyo cuerpo y dueño no podemos ni imaginar... La realidad es inmensa y en ella caben todas las posibilidades. Acabamos de empezar a leer este largo cuento. Pero lo hermoso es que el cuento lo creamos nosotros. 




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Texto y foto coloreada de la playa de Altea:  Maite Sánchez Romero (Volarela)